Estimados hermanos y hermanas:
En el momento presente, vivimos en una sociedad marcada por tensiones, desazones y problemas que a menudo nos llevan a vivir desencantados. Si nos fijamos en las noticias, vemos que los conflictos sociales, las guerras y la corrupción son la realidad del día a día. A menudo comentamos en nuestras comunidades: “¡No aprendemos!”, “¿Cómo puede ser que, en pleno siglo XXI, estemos así?”, “¿Qué podemos hacer nosotros ante todo esto?”
Es posible que con estos pensamientos iniciemos el tiempo de Adviento, un nuevo año litúrgico. Y, como es habitual al iniciar un nuevo periodo, nos planteamos hitos u objetivos que queremos lograr en nuestra vida. En este caso, la Iglesia nos propone el lema del año jubilar: “Peregrinos de Esperanza”. Un lema que, sin duda, es muy acertado para empezar este tiempo de preparación.
El peregrino es aquel que anda hacia una meta con un espíritu jubiloso y confiado, sabiendo que llegará al objetivo. Del mismo modo, el Papa Francisco nos invita a ser personas de esperanza en este mundo nuestro. Quizás nuestras acciones serán pequeñas, pero seguro que harán crecer alguna flor de vivos colores o, sencillamente, una brizna de hierba verde. Tal como nos recuerda el Papa: “Todos los bautizados, cada cual con su propio carisma y ministerio, somos corresponsables porque, a través de la multiplicidad de signos de esperanza, testimoniamos la presencia de Dios en el mundo.” (N.º 17 de la bula de convocatoria SPES NON CONFUNDIT)
Abrimos nuestro corazón; que el Adviento de Jesús sea fuerza y coraje en nuestra vida, que desvanezca nuestras oscuridades y nos convierta en luz y esperanza para un mundo que necesita paz y fraternidad.
Que este tiempo de Adviento nos anime a andar juntos, con la esperanza renovada, hacia la meta de la verdadera paz y el amor fraternal.
Con afecto fraternal,
Xavier Fortuny








