(Llorenç Puig) Hemos celebrado esta semana la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. Es bonito ver a gran cantidad de entidades relacionadas con nuestras congregaciones que trabajan por estas personas y que crean lazos de fraternidad con las personas migradas y refugiadas que con tanto coraje luchan para hacerse un futuro aquí. Pienso que el testimonio de servicio y compromiso de estas entidades son una luz que da claridad en nuestro mundo tan insolidario y herido a la vez.
Pero también podemos mirar agradecidamente a tantas comunidades de religiosas y religiosos que crean fraternidad con personas refugiadas o migrantes en la propia comunidad. No solo se hace, pues, un servicio, sino algo más: un testimonio de fraternidad vivida en el día a día. Cómo dice el lema de esta jornada, gracias a estas iniciativas institucionales y comunitarias ayudamos a hacer “un nosotros más grande”.
Ojalá lo hagamos decididamente, jubilosamente, y dejando que la llamada del Señor a ser más hermanos nos ayude a crecer al hacer este ’nosotros más grande’.
[Foto: Clase de lengua a Migra Studium]








