Elisa Anglès y Pau Vidal nos explican qué esperan de su incorporación a la Junta de la Unió de religiosos de Catalunya
ELISA ANGLÈS
Superiora General de la Pureza de María
Estos últimos años, el hecho de participar en las Asambleas de la URC ha sido para mí, sobre todo, un camino de reconocimiento de la bondad y de la donación generosa de hermanos y hermanas comprometidos con el Evangelio, con Jesús, con las personas, con la construcción del Reino de Dios. Hermanos y hermanas que están cerca y que comparten su experiencia y sabiduría.
Siguiendo lo que nos dice el documento final del Sínodo de la Sinodalidad, diría que la URC es uno de estos espacios de conversación en el que se juega la conversión, que nos ayuda a salir de la propia mirada, del propio monólogo interior y poder abrirnos a un diálogo que «entrelaza armoniosamente pensamiento y sentimiento y genera un mundo vital compartido» (DF n. 45). Es un espacio para crear vínculos de fe y de amistad, para compartir situaciones difíciles y para buscar signos de esperanza, también de proponer y asumir riesgos para vivir con radicalidad la llamada del Señor y de acontecer signos de que la fraternidad universal es siempre difícil, pero siempre posible si nos dejamos tocar por el Espíritu.
Mi sentimiento, en este momento, es de agradecimiento a todas las personas que, a lo largo de los años, han empujado la vida consagrada en Cataluña a través de la URC y también a aquellos que la forman hoy. Agradezco esta oportunidad de poder ser junto a los hermanos y hermanas que forman parte de la Junta de la URC y con los que ahora podremos compartir y escuchar juntos lo que el Espíritu quiere decir a la vida consagrada en nuestro contexto, ayudándonos a hacer concreta la conversión institucional y personal en favor de la misión de la Iglesia.
PAU VIDAL
Delegado de los Jesuitas en Cataluña
En la última asamblea de la URC a Elisa y a mí se nos pidió dar una ayuda, incorporándonos a la Junta. Estamos agradecidos por la confianza.
Empiezo este servicio con el deseo de poder ofrecer una mirada realista y ojalá también creativa y esperanzada en la vida religiosa aquí hoy. Somos conscientes de que estamos viviendo un momento de fuerte disminución que conviene gestionar responsablemente. Pero tenemos que poder también tener espacios para seguir descubriendo por dónde el Reino de Dios se está mostrando y dónde puede nuestra voz profética ayudar a desvelar la sed de Dios, el compromiso por la justicia y el trabajo por la dignidad de toda persona.
San Ignacio de Loyola nos invita a buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, por lo tanto, todo puede ser ocasión de encuentro con el Dios de la Vida. Dios se nos muestra de manera especial en aquellas situaciones y realidades de mayor exclusión y precariedad, de mayor pobreza y como vida religiosa estamos convocados.
Que podamos pues vivir arraigados en el Cristo, esperanzada, compasiva y jubilosamente. Y hacerlo compartiendo la riqueza y diversidad de nuestros carismas al servicio del mundo como Iglesia.








