(Susana García del Álamo y Joan Codina i Giol · 29/07/24) Los Capítulos General (CG) o los Capítulos Provinciales (CP) son un momento de gracia, porque nos dan la oportunidad de revisar nuestras vidas, las obras apostólicas, nuestras presencias en el mundo; son una oportunidad para abrirnos al Espíritu para redescubrir la voluntad del Padre, y a su Luz preguntarnos dónde nos necesitan y dónde poder ser mensajeros de buenas nuevas. No son tan solo un acto rutinario, más o menos importante, sino una celebración de la vida de las congregaciones, que a la luz del Espíritu nos impulsa a revisar la vida, la misión, las relaciones, las presencias, como va el termómetro de la vida espiritual que marca lo que somos y lo que hacemos.
Podemos decir que los CG son experiencias de comunión con la Iglesia universal. Una comunión que no se perderá si se establece una metodología que implique la escucha del Espíritu; son espacios donde cada miembro tiene la oportunidad de expresarse con plena libertad, puesto que el Capítulo es en sí plenamente soberano, y tiene que garantizar que todas las voces puedan ser escuchadas tanto en las intervenciones como en las votaciones.
Estos tiempos de análisis, de revisión, de hermandad, nos alientan para poder proyectar caminos de esperanza que tanto necesita nuestra sociedad.
El Señor nos regala esta oportunidad de encuentro con los hermanos y hermanas para poder dejar que la voz, el carisma y el mensaje de nuestros Fundadores, vuelvan a alentarnos y poder ser profetas en nuestro mundo, denunciando injusticias desde el Amor, llevando compasión a la humanidad tan necesitada, para ser voz de los sin voz, para favorecer espacios de reflexión sobre la dignidad humana, para aportar al mundo los valores evangélicos que ayudan a buscar la plenitud de vida sin sucedáneos. Es una celebración para dejarnos tocar por la presencia del Espíritu que desafía a las congregaciones a ir a los rincones del mundo que necesitan ayuda.
Nuestros capítulos tienen que ser, y son, un momento que nos abre a la novedad evangélica, novedad que siempre sorprende, si dejamos que el Espíritu obre a su manera, y si es así, podrán aportar nuevas oportunidades para ser su presencia adaptándonos a las necesidades actuales de la vida de cada comunidad, porque el Señor quiere continuar construyendo su Casa, sus Congregaciones.
No olvidamos que los CG son una manera de vivir y ejercer la sinodalidad, entendiendo que sinodalidad no quiere decir solo andar juntos en la revisión y en la programación de proyectos estratégicos y líneas de acción, sino también en la elección de manera democrática de aquellas personas y de los equipos de gobierno que se cree que serán capaces de llevar a la práctica los proyectos de futuro e impulsar la renovación que el mismo CG señale y consensúe por el periodo de tiempo establecido en las Normativas propias de cada familia Religiosa.
Somos conscientes que la Vida Consagrada es una riqueza para el mundo y la iglesia y por eso estamos invitados a «vivir con alegría y gratuidad este don, con la certeza que no hay más grande y bello que ser de Dios y para Dios y al mismo tiempo dar la vida al servicio de los más débiles», como dijo el Papa. Es por eso que, los CG, son un momento para revitalizar la joya de la entrega y buscar caminos que estimulen a los hermanos y a aquellas personas que se sienten llamadas a vivir esta vocación a revisar lo que hacemos, como lo hacemos, dónde nos necesitan y de donde hace falta que salgamos.
¡Gracias!
Al margen de todo lo que hemos dicho, queremos dar las gracias a todos los hermanos y a todas las hermanas que a lo largo de estos años habéis estado haciendo este servicio a las congregaciones y a la Iglesia. También queremos animar a los nuevos miembros electos o pendientes de ser elegidos en estos meses por vuestro servicio, por vuestra donación, y por la aportación de vida en la vida de las comunidades y de los hermanos que forman parte de nuestras familias religiosas.
A todos y a cada uno de los equipos de gobierno os ponemos en manos de Dios y le pedimos que su Espíritu os llene de su Amor y os acompañe en este camino de dinamización y emprendimiento religioso. Ánimos, no andamos solos, cada hermano, cada hermana, nos apoya y vive la aventura de la entrega encomendándonos a Dios.
¡Os deseamos un buen verano y un buen descanso!








