(Hermana Natália Nana Simão ·12/08/24) «Sé de quién me he fiado» (2 Tm 1,12)
Soy la Hermana Natália Nana Simão, de la Congregación de Hijas de la Virgen de los Dolores (HVD), angoleña en misión y formación en Barcelona.
La vocación es un don, una gracia, un regalo de Dios, como lo declara el dominico Felicísimo Martínez. Es, además, el proyecto de amor que Dios ha puesto en el corazón de cada uno de nosotros. Dios nos llama a todos, repitiendo, aún hoy, la misma invitación que hizo a dos de los discípulos de Juan Bautista: «Venid y veréis» (Jn 1,39). Hoy nos lo vuelve a decir.
Aceptando el llamado del amor de Dios, el día 6 de julio de 2024, hice los Votos Perpetuos en Trujillo (Cáceres), lugar de nuestra casa fundacional.
Todo empezó cuando todavía era adolescente. En mi Parroquia, sobre todo en la catequesis, me marcó el ser de los religiosos de aquella época. Cuando los miraba, su alegría y sencillez, sentía una gran alegría y, sin saberlo todavía, decía a mis amigas: «quiero ser como ellos». Fue desde allí que en mí nació el deseo de trabajar en la MIES del Señor. A medida que iba creciendo, el deseo era aún más fuerte, hasta que a mis 14 años ingresé en el grupo vocacional de la Parroquia, donde fui acompañada para hacer el discernimiento vocacional.
Conocí las hermanas Hijas de la Virgen de los Dolores (HVD), hice la experiencia con ellas y me sentí llamada, atraída por su carisma, que es: «fomentar y favorecer las vocaciones religiosas y sacerdotales para cualquier instituto».
Ha sido la gracia de Dios que me ha sostenido en los momentos de duda y ha iluminado mi camino. Y me he fiado de su amor, consagrándome definitivamente a Él por la profesión de los Votos Perpetuos.
«Sé de quién me he fiado» (2Tm 1,12)
¡Sí! Confío en ti, Señor, sé Tú mi roca y mi cayado, para que yo no tiemble nunca, y que sea siempre testigo de tu amor, para que tu Palabra llegue a todos los hombres y mujeres. Que mi entrega sea siempre como un perfume que exhala almas para Cristo nuestro Redentor.
Que Dios nos bendiga a todos, fortaleciéndonos con su Espíritu Santo y guiándonos hacia una vida de Santidad y plenitud en Cristo Jesús, de cuya gracia nos hemos fiado, (2Tm 1,12) y que María, madre de Dios siga intercediendo por nosotros ante su Hijo.
Agradezco vuestras oraciones, para que yo viva en fidelidad y alegría mi consagración.
¡MUCHAS GRACIAS!








