(CR · Montserrat Dameson Mi crisis de los treinta – tengo veintiocho, todavía, pero siempre he quemado etapas antes de tiempo— se manifiesta en la cocina. Este primer viernes de febrero hice magdalenas de chocolate para un regimiento y subimos al Santuario de Puiggraciós, que queda justo encima de la Garriga y se puede ver prácticamente desde cualquier punto del pueblo. Supongo que quién fuera que me explicara qué es un santuario debía de poner a Puiggraciós de ejemplo, porque para los garriguenses es la experiencia primaria de este lugar. Cada año se renueva el voto de pueblo y cuando era niña subíamos con toda una pandilla de gente de la Escuela Sant Lluís. El tomillo, y las sardanas, y aquella virgen austera –pero presente–, y la vista de pájaro de mi pueblo son sedimentos que han ido haciendo el poso de esto que hoy considero mis raíces.
Categoría: Noticias
Etiquetas: Santuario de Puiggraciós
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