Las relaciones entre religiosos/as en nuestra casa son buenas. En casos, muy buenas. Existe un auténtico sentido intercongregacional que se fortalece de día en día y que se expresa en proyectos compartidos o en reuniones intercomunitarias. La URC (Unión de Religiosos de Cataluña) es un escenario donde confluyen muchos elementos vitales de las congregaciones. Las asambleas generales, las jornadas de formación y varios programas van en esta línea. Las celebraciones de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada son un buen reflejo de este espíritu que nos une. Hay amistad, pero no es un club de amigos. Si algunos religiosos o religiosas, si algunas congregaciones o institutos no entendiesen las raíces de las relaciones mutuas fácilmente podrían cerrarse en un burbuja y debilitar la fortaleza de los vínculos que nos unen. Reducir la vinculación a tener una buena relación con los obispos, hacerse presentes en sus convocatorias, pero alejándose de la mutua colaboración entre religiosos/as sería amputar la plenitud de participación eclesial, que la misma Iglesia nos recuerda como un punto clave. Al revés también sería un error, como es evidente. La URC es consciente que se tiene que velar en las dos direcciones sin prescindir de ninguna. Alguna congregación que no se inculture de manera suficiente y verdadera en nuestra casa puede tener la tendencia a debilitar las relaciones horizontales entre congregaciones.
Querría presentar una reflexión sobre tres puntos: a) las Conferencias de Superiores Mayores; b) la mutua relación entre obispos y religiosos, y c) la mutua colaboración entre religiosos.
1. Las Conferencias de Superiores/as Mayores
No son un grupo empresarial, sino un impulso de la vida religiosa, erigido canónicamente, por el Concilio Vaticano II. Quien da consistencia a estas Conferencias es el mismo Vaticano. No se trata de iniciativas particulares, sino de un reconocimiento oficial de una realidad carismática. El núm. 23 del documento conciliar Perfectae Caritatis, firmado a Roma por el papa Pablo VI el 28 de octubre de 1965, lo dice muy claro:
Tienen que fomentarse las Conferencias o Consejos de Superiores Mayores erigidos por la Santa Sede, que pueden contribuir en gran manera a conseguir más plenamente el fin de cada Instituto, al fomento de un compromiso más eficaz por el bien de la Iglesia, a la más equitativa distribución de los obreros del Evangelio en determinado territorio y también al estudio de los problemas comunes a los religiosos, estableciendo la conveniente coordinación y colaboración con las Conferencias Episcopales en cuanto al ejercicio del apostolado.
La URC (Unión de Religiosos de Cataluña) reúne a nivel de territorio catalán superiores y superioras mayores, abades y abadesas, prioras y priores, delegadas y delegados permanentes de congregaciones con presencia en nuestro territorio, como una expresión regional de la realidad de CONFER. Por este motivo, la participación de todas las congregaciones es del todo deseable, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II. Ninguno no puede sentirse excluido cómo si las Conferencias de Superiores/se Mayores no fueran de su incumbencia. La asistencia y la participación son claves para hacer de la vida religiosa un testimonio de fraternidad cristiana.
2. La mutua relación entre obispos y religiosos.
A partir del documento conciliar Perfectae Caritatis, la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares y la Sagrada Congregación para los Obispos firmaron conjuntamente un documento sobre “Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia” el 14 de mayo de 1978, a cargo del cardenal Sebastià Baggio, prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos y el cardenal Eduardo F. Pironio, prefecto de la S.C.R.I.S. En una asamblea plenaria mixta previa a la redacción del documento, obispos y religiosos trataron las siguientes cuestiones:
a) qué esperan los Obispos de los Religiosos; b) qué esperan los Religiosos de los Obispos; c) qué medios pueden ser utilizados para obtener una coordinación fecunda entre Obispos y Religiosos a nivel diocesano y a nivel nacional e internacional.
El documento da muchas pistas de actuación conjunta y de fortalecimiento de estas relaciones mutuas. La URC en periodicidad bienal tiene reuniones con el plenario de Obispos de la Conferencia Episcopal Tarraconense. Tres veces al año se reúne el SIRBIR (Secretariado de Relaciones entre Obispos y Religiosos) donde participan seis personas: el obispo representando de la CET, actualmente el obispo de Vic, los delegados episcopales de Vida Consagrada de Tarragona y Barcelona y la presidencia, vicepresidencia y secretaría general de la URC. Los organismos están. El clima siempre es constructivo. Estas relaciones entre obispos y religiosos se tienen que cuidar, porque son muy importantes. Hay que recordar que la Conferencia Episcopal Española elaboró un documento titulado “Iglesia particular y Vida Consagrada. Cauces operativos para facilitar las relacionas mutuas entre los obispos y la vida consagrada de la Iglesia en España”, aprobado en la CI asamblea plenaria de la CEE, celebrada del 15 al 19 de abril de 2013.
El documento vaticano de 1978 está en fase de revisión para actualizarlo a nivel universal.
3. La mutua colaboración entre religiosos
El documento vaticano de 1978, en su núm. 21, habla explícitamente de la mutua colaboración entre religiosos. El texto dice:
Dentro del ámbito de la vida religiosa la Santa Sede erige, a nivel local o universal, las Uniones de Superiores Mayores y Generales (cf. PC 23; REO 73, 5), las cuales, como es evidente, son diversas por naturaleza y autoridad de las Conferencias Episcopales. Pues su fin primario es la promoción de la vida religiosa inserta en la misión eclesial. Su actividad consiste en ofrecer servicios comunes, iniciativas fraternas, propuestas de colaboración, respetando naturalmente la índole propia de cada Instituto. Con esto se conseguirá, sin duda, ofrecer también una preciosa ayuda en el plano de la coordinación pastoral, si se realiza periódicamente una revisión de toda la manera de obrar y, sobre todo, si se favorecen las relaciones entre las Conferencias Episcopales y las Uniones de Superiores Mayores, según las normas emanadas por la Santa Sede.
El contenido está claro y explícito. El llamamiento resuena en nuestro interior. No podemos cerrarnos dentro de nuestras congregaciones y desentendernos del resto, como si no fuera con nosotros. La URC representa un marco idóneo para esta colaboración intercongregacional. No es un tema menor. Por eso siempre se invita a todas las congregaciones a participar activamente en proyectos y servicios comunes, en iniciativas fraternas y en propuestas de colaboración. El testimonio intercongregacional es un signo maravilloso de la fuerza del Espíritu en el seno de la Iglesia.
La vida religiosa es un díptico.
Fomentar las relaciones con los obispos y fortalecer las relaciones entre las mismas congregaciones son dos realidades indisociables. Si sólo atendemos los unos o los otros se rompe el díptico y se pierde este aliento magnífico del Concilio Vaticano II. Los retos que tenemos el ante no permiten prescindir de nadie. Nadie es indispensable, pero todos somos necesarios para hacer que la Palabra de Dios sea anunciada por todas partes. En nuestro caso, a través de una vida religiosa abierta a la colaboración y al diálogo.
Lluís Serra Llansana








