El evangelio de la liturgia de hoy, correspondiente al tiempo ordinario, ofrece un test de san Mateo (6,7-15) centrado en la plegaria del padrenuestro. Presenta la estructura de un díptico. La primera parte, que contiene tres peticiones, Dios es vivido como Padre. La segunda, con cuatro peticiones, gira entorno al eje de la fraternidad. La paternidad de Dios es el fundamento de la fraternidad. Cuando la revolución francesa proponía la libertad, la igualdad y la fraternidad como el eje de su programa no era demasiado original. Utilizaba del cristianismo estos valores.
La fraternidad, pero, es el valor que más reclama un origen común, una misma fuente de vida, a partir de la cual puedo decir a otra persona tú eres mi hermano, tú eres mi hermana. Esta fraternidad no se expresa en conceptos volátiles, sino que se concreta en realidades muy cotidianas, como comer y perdonar las deudas. Estos dos puntos tienen conexiones con la economía, vivida no como ganancias exclusivas sino como servicio de la humanidad. El papa Francisco afirma que “la idolatría del dinero mata”. Así lo explicaba en una de sus homilías en Santa Marta: “Esta idolatría hace morir de hambre a tanta gente. Pensemos sólo en un caso: en los 200 mil niños rohinyás en los campos de refugiados. Allí hay 800 mil personas; 200 mil son niños. Apenas tienen qué comer, desnutridos, sin medicamentos. También hoy sucede esto. No es una cosa que el Señor dice de aquellos tiempos: no. Hoy!” (23.10.2017). Cuando Dios no es Padre, se idolatran sustitutos, como el dinero. La fraternidad se resiente. No hay pan para todo el mundo. Perdonar las ofensas era traducido hace tiempo por perdonar las deudas, que tiene implicaciones económicas.
Hoy la principal globalización se produce en el campo económico. Se mueven los capitales por todas partes. Incluso se conservan paraísos fiscales en beneficio de los defraudadores ¿Y la política también está globalizada? ¿Y las migraciones, los movimientos de las poblaciones? Quién no se ha estremecido al ver estos últimos días como en EE.UU. se dividían familias (padres e hijos) si traspasaban fronteras. Pero en Europa tampoco estamos para dar demasiadas lecciones a nadie. La situación es compleja, pero se tiene que tratar a fondo.
La Plataforma de Entidades Cristianas con los inmigrantes, de la cual la URC forma parte, acaba de publicar un manifiesto sobre “El hecho religioso, factor de integración y cohesión social”. Muchas instituciones religiosas trabajan en campo de las migraciones. Este texto, que encontraréis a continuación (http://www.urc.cat/repositorio/doc/2018_06_22_11_40_59.pdf), nos puede iluminar este tema tan interesante y sensible. Tiempo para cambiar de mentalidad y para dar nuevas respuestas.
Lluís Serra Llansana








