Quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que os vendrá de arriba (Lc 24,19). El evangelio de Lucas que seguimos este año acaba dejando a los discípulos a la expectativa. Han visto al Resucitado, han comido con Él, saben que la cruz no ha tenido la última palabra. Pero tienen que esperar. Aparentemente, a los ojos del mundo, Jesús está muerto, y su grupo está deshecho o atemorizado. Sólo ellos han vivido una historia diferente, o saben que la historia no ha hecho más que empezar. La fuerza que vendrá de arriba los moverá a dar testimonio, pero no cambiará la actitud de expectación. Jesús llevado al cielo volverá (Hechos 1,11).
Estos días, desde que pertenezco a la junta de la URC y que participo en encuentros de provinciales y delegados de las diferentes congregaciones, la imagen de los discípulos reunidos, sea en Galilea entorno a Jesús, en Jerusalén la vigilia de Pentacostés, me ha venido a menudo a la mente. Pasamos momentos no del todo fáciles, a pesar de que es posible que ningún momento de la historia lo haya sido. Pero en el fondo de las preocupaciones propias del momento, late en nosotros, y así lo percibo a menudo cuando nos encontramos, este conocimiento secreto de que la historia acaba bien, que ya ha acabado bien anticipadamente en la Resurrección del Señor. Hay una paz y una bienaventuranza que brotan de la presencia secreta de Jesús donde dos o tres se reúnen en su nombre.
En la pasión según san Juan, el don del Espíritu se encuentra ya en la misma cruz del Señor (Jn 19,30). Abrámonos a recibirlo, pues, en toda dificultad y sufrimiento. Dejemos que nos abra perspectivas inesperadas, que nos rompa los esquemas, que nos enseñe las lenguas para anunciar la noticia de la Pascua, saben que Él está a la derecha del Padre, pero que al mismo tiempo está con nosotros cada día hasta el fin del mundo (Mt 28,20).
Feliz Pascua!
Fray Eduard Rey, caputxí, presidente de la URC








