(O. de Tortosa · 06/10/25) El sábado 4 de octubre, el Convento de Santa Clara de Tortosa estuvo de fiesta. Un buen número de tortosinos/as nos reunimos para acompañar a las hermanas clarisas que año tras año celebran con gozo la fiesta del Padre San Francisco, coincidiendo que este año se está celebrando el centenario del “Cántico de las criaturas”. Francisco nació el año 1182 en Asís i a los veinte-i-cinco años se consagró a Dios en una vida de extrema pobreza y dedicándose completamente a una vida de oración intensa y de apostolado con los más pobres. Se despojó de todo y sus discípulos continúan con el mismo carisma de pobreza y alegría para parecerse cada día más a Cristo. Murió a los 45 años, y fue canonizado por el Papa Gregorio IX el año 1228. A las 11 horas, se celebró la Eucaristía presidida por el Obispo de nuestra diócesis, Mons. Sergio Gordo y concelebrada por: Mn. Joan Guerola, Mn. Pascual Centelles, Mn. Jordi Centelles i Mn. Rafel Prades.
“Alegrémonos todos en el Señor” fue el canto de entrada. La paz esté con vosotros, dijo el Sr. Obispo al empezar la Eucaristía. Hoy celebramos la fiesta de San Francisco de Asís, quien se consagró a Dios en una vida de extrema pobreza y de intensa vida interior de oración y apostolado. Las hermanas clarisas cantaron “Señor ten piedad” y el “Gloria” y los fieles siguieron los cantos resultando una celebración muy solemne. La primera lectura del libro del Eclesiàstico (Ec 50, 2-7) la proclamó el seminarista David. El Salmo responsorial 16, fue cantado: “Protégeme Dios mio que me refugio en Ti”. La segunda lectura fue de la Carta de San Pablo a los gálatas (Ga 6, 11-16). Después de cantar “Al·leluia”, Mn. Joan proclamó el Evangelio según San Lucas (Lc 10, 24-27).
El Sr. Obispo empezó la homilía saludando a los sacerdotes concelebrantes, a las religiosas clarisas y algunas teresianas, a las autoridades i a todos los hijos de Dios que participábamos de la celebración. Las palabras del Evangelio de hoy, sábado, son las de una oración de Jesús, adecuadas para la fiesta de San Francisco de Asís: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado a los sencillos todo esto que has escondido a los sabios y entendidos” (Lc 10, 21). Según los que comentan el Evangelio de hoy, los “sabios y entendidos” eran las élites religiosas para quienes la sabiduría y las catástrofes del futuro sólo eran reveladas a unos pocos privilegiados. San Francisco de Asís fue muy sensible a la belleza de la creación. Era muy sencillo y muy próximo a les sencillos, con un gran sentido de Iglesia y no fue un maestro de la ley, porque decía que de Maestro solo hay uno. Francisco fue pobre y sencillo como Jesús y también fue “la sabiduría de la Cruz” de la cual nos habla San Pablo. Gracias a esta sabiduría, veía en la muerte la mano del Señor Dios que la bendecía, tal como la veía en el resplendor del sol y las estrellas y en la madre tierra que tanto alaba porque nos regala sus frutos. Cuando sabía que tenía que morir, dijo: “Pues, bien, que venga mi hermana la muerte”. Pidió que le llevaran a Santa María de la Porciúncula y allí hizo cantar una vez más el “Càntico del sol” añadiendo la estrofa. “Alabado seas mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal de la cual nadie puede huir… Alabemos y bendigamos a mi Señor…sirviendo-le con una gran humildad”. En esta alabanza al Señor, nos dijo nuestro obispo, veo una gran sabiduría humana y divina. Que nuestro Padre nos conceda esta gran sabiduría de Francisco de Asís.
Mn. José Ayllón hizo las plegarias: Por la Iglesia, por nuestro Papa León y por nuestro obispo Sergi. Por la familia franciscana, para sigan los pasos de San Francisco. Por la paz y por los que sufren en el cuerpo o en el espíritu. Por los que celebramos esta solemnidad para que siga presente en el mundo de hoy el espíritu de San Francisco de Asís. Y después de cada invocación el lector decía: Roguemos al Señor y todos los fieles respondíamos: Te rogamos, óyenos.
El canto del ofertorio fue: “Te presentamos estos dones de Amor y con Francisco te decimos, bendito seas Señor”. Y en la comunión cantamos: “Cantad a Dios”. Llegado ya el momento final de la celebración nos dijo nuestro obispo Sergi: Nos disponemos a recibir la bendición. Felicidades a los que hoy celebráis vuestro Santo. El Señor esté con vosotros… y nos impartió la bendición solemne: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén. El canto final fue: “Alabado seas mi Señor”. Antes de despedirnos fuimos obsequiados con unas pastas elaboradas por las religiosas. Pidamos al Señor por intercesión de San Francisco de Asís, que amemos cada día más la humildad y el amor a nuestros hermanos, los pobres.
Maria Joana Querol Beltrán








