(Carmelitas de San José · 09/10/25) Este año celebramos con alegría un aniversario muy especial: los 125 años de la fundación de las Hermanas Carmelitas de San José. Más de doce décadas de vida compartida, de servicio en la comunidad y de fidelidad al sueño que nació en el corazón de Madre Rosa Ojeda, su fundadora.
La historia de nuestra congregación tiene lugar a finales del siglo XIX, concretamente el 10 de octubre, con la ayuda del Obispo de Vic, Padre Josep Morgades, cuando en la iglesia nacían numerosas congregaciones religiosas. En este tiempo, Madre Rosa Ojeda y Creus, sintió la llamada particular a vivir el Evangelio de una manera más plena, más auténtica y más próxima a las personas. Este deseo, que sería su proyecto de vida, no tardó en contagiarlo a otras religiosas que se unieron a ella, dando forma a una nueva familia religiosa bajo la inspiración del Carmelo.
Los inicios fueron sencillos y llenos de generosidad. Las hermanas, conocidas como “veladoras”, prácticamente dedicaban la mayor parte de su tiempo a tener cuidado con ternura, compasión, “exquisita caridad”, confianza y fe en Dios Proveedor a enfermos a domicilio, así como a los niños de las familias que trabajaban en las fábricas textiles, ofreciéndoles educación y un lugar donde sentirse estimados y cuidados. Allá, donde había sufrimiento o necesidad, las hermanas estaban presentes.
Hacia la segunda mitad del siglo XX, la misión de las Hermanas Carmelitas de San José se fue consolidando con el cuidado de los enfermos y la educación de los más pequeños. Pero más allá de las obras concretas, lo que sigue intacto es el espíritu heredado de Madre Rosa: el amor a la familia, la entrega generosa y la valía del sacrificio vivido como un don.
Hoy, después de 125 años, las Hermanas Carmelitas de San José siguen fieles a esta premisa inicial y han trabajado para adaptarse a los nuevos tiempos, haciendo frente a los retos que cada etapa les ha presentado, pero sin perder su objetivo principal: vivir el Evangelio con alegría, devoción y proximidad, esparciendo esperanza allá donde sean. Cómo reza la tradición carmelita: “todo empieza en el silencio de la oración y se convierte en servicio al próximo”.
Este aniversario no solo es motivo para recordar el pasado de la congregación carmelita, sino también una invitación a mirar hacia delante con ilusión, como ella enseñó, porque el camino más bonito es seguir a Jesús y la semilla que madre Rosa plantó, hoy sigue viva en cada hermana dedicada “al servicio de los enfermos y gente anciana en residencias geriátricas, de los niños, adolescentes y jóvenes, en colegios, en misiones y en cada proyecto y en cada obra haciendo presente, el carisma de su Fundadora.
Hoy “damos gracias a Dios por todos los beneficios” porque su carisma se ha hecho extensivo en diferentes rincones del mundo (España, Roma, México y Colombia).








