(UISG · 09/05/25) El 9 de mayo, la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) concluyó su XXIII Asamblea Plenaria, después de cinco días de intenso trabajo y discernimiento bajo el lema “Vida consagrada: una esperanza que transforma”. Cerca de 900 Superioras Generales, procedentes de 80 países, abordaron los desafíos actuales de las comunidades religiosas femeninas, compartiendo experiencias y fortaleciendo la colaboración internacional.
En el día de hoy, penúltimo de la Asamblea, se finalizó la Declaración Plenaria, que reafirma el papel de las Mujeres Consagradas como “portadoras de una esperanza que transforma” en un contexto global complejo.
- “Mujeres de paz, resilientes, al pie de la Cruz, que tienen el coraje de llorar ante los sufrimientos del mundo y de comprometerse incluso hasta el don de la propia vida.
- Mujeres que ofrecen gratuitamente el don de su vida con su presencia en los lugares de frontera, que rechazan la exclusión y la discriminación y que llevan consuelo y cuidado a quienes son rechazados.
- Mujeres que velan en la noche y que, como la luna, reflejan la luz y dejan brillar las estrellas a su alrededor.
- Mujeres sinodales que crean comunidades evangélicas e inclusivas; mujeres que tejen un tejido armonioso para nuestra casa común.
- Mujeres que velan en la noche y que, como la luna, reflejan la luz y dejan brillar las estrellas a su alrededor.”
«En este 60º aniversario de la UISG y en el Año Jubilar, queremos ofrecer nuestra contribución específica como Mujeres Consagradas», se lee en la Declaración. «Con ‘cordones de esperanza’ que tendemos unas hacia otras, hemos creado una red internacional que nos conecta con todos los pueblos y con toda la creación.”
Uno de los resultados más destacados de la Asamblea fue el lanzamiento de la nueva Fundación The Anna Trust, una iniciativa destinada a apoyar el cuidado de las hermanas mayores, una preocupación creciente para muchas congregaciones religiosas.
En su mensaje de clausura, la presidenta de la UISG, Hna. Mary Barron, subrayó la importancia de “permanecer como mujeres de paz, resilientes, que se atreven a estar en las fronteras y a consolar a quienes son rechazados.”
Además, destacó que esta Asamblea “ha fortalecido nuestra práctica de la conversación en el Espíritu como instrumento para promover una cultura sinodal en nuestras Congregaciones, en sintonía con el camino actual de la Iglesia.”
La XXIII Asamblea Plenaria concluyó oficialmente el 9 de mayo con una Celebración Eucarística en la Basílica de Santa María la Mayor, donde, ese mismo día, las participantes rindieron homenaje a la tumba del Papa Francisco, reconociendo su contribución al dinamismo de la Vida Consagrada.








