La liturgia del próximo domingo conmemora la venida del Espíritu Santo, que se recoge en un texto de los Hechos de los Apóstoles (2,1-13). Vale la pena leerlo nuevamente por la trascendencia que tiene para la vida cristiana y, de rebote, para la vida religiosa.
1 Cuando llegó la fiesta de Pentecostés se encontraban reunidos todos juntos. 2 De repente, como si se girara un viento recio, se sintió del cielo un rumor que llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3 Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se distribuían y se ponían sobre cada uno de ellos. 4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en varias lenguas, según el Espíritu les concedía de expresarse.
5Residían en Jerusalén judíos piadosos provenientes de todas las naciones que hay bajo el cielo. 6 Cuando se sintió aquel rumor, la gente se reunió y quedaron desconcertados, porque cada uno los sentía hablar en su propia lengua. 7 Sorprendidos y maravillados, decían:
–¿No son galileos, todos estos que hablan? 8 ¿Pues cómo es que cada uno de nosotros los sentimos en nuestra lengua materna?9 Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y del Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia tocando a Cirene, y quienes han venido de Roma, 11 todos, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los sentimos proclamar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios.
12Sorprendidos y desconcertados, se decían los unos a los otros:
–¿Qué quiere decir todo esto?
13 Pero otros, riéndose, decían:
— ¡Es que el vino se les ha subido a la cabeza!
Algunas consideraciones:
Primero, la comunidad como ámbito privilegiado para la presencia del Espíritu (palabras en color amarillo)
Los apóstoles y las mujeres, con María presente, se encuentran reunidos todos juntos. No falta nadie. Cuando Jesús, después de resucitado se aparece a los suyos falta Tomás. Ahora, están todos. Presencia real. Nada de presencia virtual. La comunidad de las personas que siguen a Jesús provoca, al recibir el Espíritu Santo, que la gente de muchas procedencias se reúna también. El Espíritu aglutina y convoca.
Segundo, la comunidad ve signos de la presencia del Espíritu en cada persona (palabras en color verde)
La comunidad, receptáculo de la presencia del Espíritu, se ve enriquecida por signos de presencia en cada uno de sus miembros a través de las lenguas de fuego. Comunidad e individuo no se contraponen sino que se integran. Ni el sentido colectivo tiene que anular a la persona, ni el individuo tiene que negar a la comunidad. La presencia del Espíritu trabaja de manera integrada estas dos realidades. En este sentido, el grupo que se aglutina de varias procedencias se ve enriquecido también con signos individuales. Cada persona oye hablar en su propia lengua.
Tercero, el dilema: saber leer la presencia del Espíritu a través de un buen discernimiento o caer en interpretaciones distorsionadas (palabras en color azul)
Un grupo se pregunta al ver todos los acontecimientos: “¿Qué quiere decir todo esto?”. Una pregunta que refleja la actitud de discernimiento. En cambio, otro grupo muestra interpretaciones distorsionadas, sin ningún fundamento.
Cada uno de nosotros puede ver qué decisión toma tocando a la venida del Espíritu.








