(O. Tortosa · 15/06/26) Santa María Rosa Molas, fundadora de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, dejó este mundo el 11 de junio de 1876. Para conmemorar el 150 aniversario de su Pascua , la Casa Madre de la congregación —ubicada en Jesús-Tortosa— acogió una solemne celebración presidida por el obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, el domingo 14 de junio. Hermanas de la Consolación, laicos, religiosas, sacerdotes y autoridades civiles se reunieron para participar en esta Eucaristía, enmarcada en el Año Carismático que lleva por lema «Volver a la Madre» .
Como destaca una hermana de la Consolación, “la Madre Molas nos entregó una consigna: “Todo para gloria de Dios y bien de los hermanos, nada para nosotros”. El señor obispo nos ha recordado frases pronunciadas y vividas por la santa durante su vida que hoy se convierten en un envío para todos los que formamos esta familia: “Consolad, consolad a mi pueblo”. Sólo podemos dar gracias porque Dios sigue confiando en nuestras frágiles manos una misión tan bella y esencial para nuestro mundo sufriente».
La celebración se retransmitió en directo a través de YouTube y fue seguida desde todo el mundo . En la homilía, el obispo Sergi agradeció a las Hermanas de la Consolación la labor que llevan a cabo: «¿Qué sería de nuestra diócesis sin vosotros, que tanto hacía todavía hoy, desde que Santa María Rosa Molas impulsó esta obra de consolación para el mundo?». Mons. Sergi Gordo destacó la fecundidad de la Congregación , que «sigue viva en tantos lugares donde la familia Consolación sigue haciendo presente el Evangelio».
El prelado afirmó que la Madre Molas entendió «que el consuelo cristiano no consiste simplemente en aliviar una pena pasajera. Consolar significa sostener la esperanza cuando todo parece oscurecerse. Consolar significa recordar a cada persona que sigue siendo querida». El obispo Sergio subrayó que la fuente de las virtudes y de las acciones de la santa estaba en Cristo: «María Rosa pudo convertirse en consolación para los demás porque antes ella se dejó consolar por Dios».
Además, monseñor Sergi Gordo hizo referencia a los sufrimientos, pruebas e incomprensiones que experimentó Santa María Rosa Molas durante su vida. «Nunca permitió que el dolor endureciera su corazón . Al contrario. Porque había aprendido a permanecer junto a Cristo crucificado, fue capaz de permanecer junto a tantos crucificados de la historia. Y ésta sigue siendo la misión de nuestra Iglesia», expresó.
Terminada la Eucaristía, los presentes pudieron venerar los restos de Santa María Rosa Molas, que reposan en la Iglesia de la Casa Madre. Además, se inauguró una placa conmemorativa en el claustro del recinto para dejar constancia de este Año Carismático. A continuación, los asistentes compartieron un tentempié. «Esta celebración nos ha ayudado a renovar nuestra identidad, a agradecer la vida entregada de la Madre ya comprometernos, una vez más, a ser consolación en medio del mundo, como ella lo soñó y vivió», concluye una hermana de la Consolación.








