La reacción ante los ataques sufridos: “La escuela (catalana) no se toca”. Se trata de defender el modelo escolar vigente. Se desestima el inmovilismo, que cerraría toda propuesta de mejora. La defensa pretende subrayar algunas características permanentes, que se consideran vitales. En concreto, quisiera subrayar dos, que responden a los ejes sociopolíticos del país: la inmersión lingüística y la pluralidad de centros.
El objetivo de la inmersión lingüística busca cohesionar a la sociedad, dotando a sus miembros de una competencia lingüística sin discriminaciones. Dos líneas lingüísticas paralelas conducirían al desencuentro. Cada persona usará luego la lengua que crea oportuna en las circunstancias de su vida, pero será capaz de escuchar, hablar y escribir en las dos oficiales. Conviene recordar que la lengua propia de Cataluña ha sufrido a lo largo de los tres últimos siglos una persecución insistente. Por ello, tiene que gozar de una especial protección. Más aun en un mundo globalizado, donde los poderes mediáticos pueden condicionar mucho las culturas de países sin Estado, a menos que se tenga el criterio ejemplar de Suiza. Quienes desean fracturar la sociedad desean tocar a la escuela impidiendo la inmersión lingüística.
La escuela catalana se ha visto enriquecida, sin duda, por la existencia de la pluralidad de centros. El diálogo entre la escuela pública y la escuela de iniciativa social ha sido fecundo. Hay quienes desean reducir a monopolio público la educación. Los poderes públicos tienen como prioridad garantizarla para todos, con la máxima cualidad posible. Los intentos de suprimir las escuelas concertadas son una manera también de tocar a la escuela catalana. El tejido social y productivo del país se ha fundamentado en esta sinergia entre proyecto público y proyecto de iniciativa social. Una sociedad pluralista como la nuestra, dentro de unos parámetros básicos compartidos, requiere esta riqueza. La aportación de las congregaciones religiosas ha sido constante y, en especial, pionera en la educación de la mujer.
Lluís Serra i Llansana








