(Cataluña Cristiana · 04/07/22) Llegamos ahora hace 26 años en la calle de la Cera del Raval, después de un receso en el monasterio de los Benedictinas de Montserrat, para hacer juntes, las cuatro hermanas teresianas destinadas a este rincón maravilloso de Barcelona, el Proyecto Comunitario que dejase bien claro nuestra manera de vivir el carisma teresiano en medio de los más desvalidos. Eran tiempos difíciles aquellos, cuando el sida –consecuencia a menudo de los problemas derivados de la heroína- era una pandemia de la cual se hablaba poco, se huía mucho y reclamaba mucha dedicación y amor fraterno.
Contemplando los dos fotos de la primera y la última comunidad que hemos pasado por la calle de la Cera, se ve claramente que yo, Viqui Molins, soy la única superviviente, la que ha vivido los 25 años uno detrás el otro con toda la riqueza que me ha podido regalar la vida comunitaria en las fronteras, mi carisma teresiano vivido entre los desvalidos, la riqueza de un barrio con diversidad de todo tipo, y unas hermanas que a lo largo de 25 años han hecho posible muchos milagros de amor y fraternidad.









