(Joan Codina i Giol, Vicepresidente de la URC ·28/09/23) Queridas hermanas, queridos hermanos. Un saludo muy cordial como miembro de la nueva Junta de la URC con el encargo de vicepresidente.
En la Asamblea del mes de junio pasado interpreté la elección de la nueva Junta como una muestra de confianza a unas personas que en este momento tenemos más buena voluntad que tiempo para dedicarnos a una tarea de coordinación del conjunto de comunidades con sede en nuestro país. Es así como me lo he tomado y os lo hago saber: con buen humor y pensando que, aparte de ser una pequeña carga, es una gran oportunidad para adentrarme más en la vida de las comunidades religiosas que peregrinan en Cataluña y aportar lo que pueda.
Soy salesiano desde 1965 y presbítero desde 1978. Desde el 2020 formo parte de la comunidad del Tibidabo continuando como delegado del Provincial para la URC. He aquí que estoy a vuestra disposición trabajando en equipo con la Junta.
Plan comunitario y proyecto personal
Muchas comunidades al final del verano aprovechamos para redactar o revisar el proyecto o plan comunitario y el proyecto personal. Es un momento bonito, sincero, intenso y alentador que genera una energía que tenemos que ir dosificando a lo largo de los siguientes meses. ¡Ojalá que este esfuerzo sea impulsado bajo la fuerza del Espíritu para hacer más viva y creíble la Vida Consagrada al servicio de la Iglesia y del entorno más inmediato!
Hemos tenido ya dos reuniones de la Junta para organizarnos y tomar conciencia de lo que la URC lleva entre manos. De momento, han salido dos retos para ir trabajando: la formación inicial y permanente, y la participación de las congregaciones que ordinariamente no se hacen presentes en las actividades y asambleas de la URC.
La sinodalidad no es moda de una época
Sínodo y sinodalidad. Del 4 al 29 de octubre próximo se celebrará en Roma la asamblea del Sínodo “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Un asamblea que tendrá continuación durante el año 2025. Ya hemos participado de alguna manera u otra y ahora tendríamos que intensificar la plegaria para que el Espíritu Santo, que siempre hace nuevas todas las cosas, suscite sueños y deseos según el corazón de Dios para la Iglesia universal. Pero el Sínodo nos recuerda que tenemos que vivir la sinodalidad en nuestros lugares: haciendo que nuestras comunidades aprendan y pogan en práctica el discernimiento, repensando nuestras relaciones comunitarias de forma que nadie se sienta excluido, estimulando la participación de laicos y laicas, profesionales y voluntarios, que se sienten llamados a compartir el carisma y la misión. La sinodalidad no es moda de una época, sino que es la única manera de ser iglesia siempre.
Acabo con el deseo que todos y todas vivamos con gozo y sepamos transmitir la belleza de la Vida Consagrada en nuestro entorno.








