(A .F. · Xavier Pete · 15/12/25) En la recepción del convento de Santa María de Jerusalén, en el barrio barcelonés de Vallvidrera, el silencio habitual se mezcla estos días con el sonido constante de la puerta que se abre y se cierra. Vecinos y vecinas de la zona entran a comprar dulces, algunos atraídos por el boca-oreja, otros por el reciente reconocimiento de la Guía Repsol a los productos que elaboran las monjas clarisas. El aroma de mantequilla y almendra se escapa del obrador y acompaña conversaciones tranquilas, expuestas a media voz.








