Dios, al asumir nuestra condición humana, nos muestra hasta qué punto nos estima y acoge en nuestras contradicciones, miserias, conflictos y diferencias. A sus ojos cada persona, cada comunidad, cada pueblo son preciosos en su riqueza y pluralidad.
Cada Navidad nos lo recuerda y nos recuerda también hasta qué punto, si lo dejamos hacer, va convirtiendo nuestro corazón en artífice de respeto, diálogo, perdón, ayuda, AMOR.
En los momentos que vivimos, deseo de todo corazón que esta Navidad acontezca una experiencia intensa y contagiosa de FRATERNIDAD en cada persona y en cada comunidad. No dejamos que nada ni nadie nos robe la joya y la esperanza compartidas que nos regala el Niño de Belén.
Hermanos y hermanas: que disfrutáis de unas muy dichosas Fiestas!
P. Máximo Muñoz Durán, cmf, presidente de la URC








