(O. de Vic · 29/10/25) La Iglesia acaba de celebrar el DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones. Es el día en que, de una manera especial, rogamos por los misioneros. Para conocer más de cerca la tarea de un misionero, entrevistamos al P. Joan Font Gumfaus (Sant Pere de Torelló, 1942).
¿Cómo nace vuestra vocación?
Mi vocación misionera nace en casa en medio de la familia —soy el segundo de doce hermanos—, que vivía bastante intensamente la fe y la práctica cristiana-religiosa, con la participación semanal en la misa y devociones que practicábamos en casa —el rosario diario, el mes de María, la visita al Santísimo— que los padres nos iban inculcando.
Ya de pequeño, siempre sentí una inclinación a ser sacerdote, misionero, no tenía otro ideal. De tal manera que los padres me acompañaron, en la edad de diez años, al santuario de la Gleba. Allí con un grupo de niños, se fue desvelando en mí este deseo.
¿Cómo fueron sus años de misionero y dónde?
A diecisiete años inicié el noviciado en los Claretianos de Vic profesando como Misionero Claretiano un año después (1960). Primero fui a Solsona y a Cervera, donde teníamos a los seminaristas, estando al servicio de la alimentación de toda el grupo. Años después, llevado por mis anhelos misioneros, inicié una etapa de trabajo pastoral juvenil vocacional en Cataluña. Fue cuando iniciamos el centro juvenil del Casal Claret de Vic, el acompañamiento de los grupos Hora 3 y la creación de nuevos.
Durante estos años, hice una corta experiencia misionera en Camerún y un trabajo más largo en la selva Amazónica (Brasil). Allí, además de hacer el acompañamiento de los jóvenes seminaristas diocesanos, llevaba la pastoral juvenil y un centro que creamos para niños y jóvenes que favoreciera su desarrollo humano, intelectual y de aprendizaje de un oficio apartándolos de drogas, delincuencia y prostitución.
Vuelto a Cataluña, mi tarea ha sido de trabajo pastoral en parroquias y colegios. En Valls, además del trabajo pastoral, trabajamos a nivel social para acoger inmigrantes y pobres de la población a través de un comedor social.
¿Cómo ve las misiones hoy?
Las misiones hoy no son nada fáciles, estamos inmersos en medio del Sínodo que nos pide la participación de todos. Creo que las comunidades cristianas, la mayoría bastante dormidas, necesitan un desvelo, hacer un esfuerzo colectivo y entre todos escuchar como el Espíritu nos pide de estar atentos a los nuevos signos que nos acompañen.
Tenemos que vivir animados y alentadores, ser arriesgados y osados, ser acogedores y a la vez dialogantes con la sociedad. Saber ver qué ofrecemos como comunidad y con qué lenguaje lo hacemos y que habrá que renovarlo.








