(Eduard Rey, presidente de la Unió de Religiosos de Catalunya) Me piden que escriba algunas líneas por la ocasión de un nuevo aniversario de la Unió de Religiosos de Catalunya (URC). Se me ocurren algunas preguntas, de presente y de futuro, tanto respecto a la URC como institución como respecto a la vida religiosa en Cataluña en general.
En cuanto al futuro de la URC como tal, nos encontramos en un momento en que los cambios en la vida religiosa en nuestro territorio hacen cada vez más difícil cubrir la pequeña estructura que disponemos. Cada vez menos religiosos y más mayores, y los pocos de mediana edad o jóvenes suelen estar muy atareados. A menudo tienen que asumir responsabilidades en sus institutos muy pronto, en su vida como religiosos y tienen que estar atentos ya a suficientes frentes como para no poder aceptar un compromiso con la URC. Además, la desaparición de provincias con sede en Cataluña hace que pocos puedan garantizar una cierta estabilidad en el territorio, necesaria para dar continuidad a lo que se va haciendo.
La URC a veces es un poco el refugio de religiosos que ven como su identidad como catalanes ya no encuentra espacio en la propia congregación. Pero a la vez tenemos el reto de acoger al creciente número de religiosos venidos de fuera (actualmente se puede decir que de buena parte del mundo, sobre todo de los países del sur) y darles voz y protagonismo. Me sorprende un poco, no solo a nivel de vida religiosa, sino a nivel de Iglesia en general, que todavía no haya latinoamericanos, africanos o asiáticos en lugares de responsabilidad y de representatividad, cuando son ya una parte significativa del clero y, en algunos barrios, de los fieles.
Mirando la vida religiosa en general, dos temas hacen emerger preguntas de cara al futuro. Uno de ellos ya lo he avanzado: es el de las unificaciones de circunscripciones. ¿Servirán para dar más vida o para acabarla de ahogar? Un religioso que ya forma parte de una provincia unificada me comentaba por whatsapp hace unos días: ¿Será que el exceso de estructura central quizás ahoga a las iniciativas locales? Lo malo es que, si fuera el caso, cuando nos demos cuenta quizás ya será demasiado tarde…
El otro es el del traspaso de los carismas a los laicos. No hace muchos días el Santo Padre lo decía en el capítulo general de una congregación que le hacía la acostumbrada visita. Ante la disminución de provincias y de efectivos de aquella congregación, habría podido animarlos a valorar la pequeñez y a trabajar desde ella. En vez de esto, les preguntó si ya estaban preparados para traspasar el carisma a los laicos. Muchos llevan ya mucho tiempo trabajando en esta dirección, y enfocando a menudo en el fondo no tan solo una complementariedad, sino una auténtica sustitución (en algunos casos hay que vigilar la ambigüedad de unos buenos sueldos que pueden esconder una falta de autenticidad de fondo). Pero si los carismas se pueden separar tan fácilmente de la vida religiosa… ¿qué es exactamente la vida religiosa? Y ¿qué son exactamente los carismas? Me pierdo un poco, pero si el Santo Padre mismo anima en esta dirección…
Humildemente, pienso que nos falta perder el miedo a ser pequeños… Qué envidia me dan los monasterios, que también experimentan la disminución y el envejecimiento, pero mantienen las raíces en el territorio y no tienen que aguantar que les venga nadie a amenazarlos con cambios estructurales que responden más a una mentalidad empresarial que realmente eclesial.
Estas son preguntas que me suscita el momento presente de la URC y de la vida religiosa en Cataluña, y, desde él, una mirada al futuro. Acabo señalando que me parece esencial en la forma de vida de los religiosos ser conscientes de que todo, al final, está en manos de Dios. Él se cuidará de cambiar nuestras previsiones y planificaciones, también las preguntas que yo hago en este escrito, y abrir caminos que no esperamos ni prevemos. Así lo creo, lo espero y en más de una ocasión lo he experimentado. Que Él nos conceda podernos seguir haciendo preguntas por muchos años.








