El próximo domingo las urnas se convertirán de nuevo en recipientes de votos con un poder de delegación de condiciones a menudo imprevisibles. Siempre, en una jornada de votaciones, me vienen a la cabeza las palabras de Rousseau en el Contrato Social, escrito en 1762: «Por poca influencia que mi voz pueda tener en los negocios públicos me basta con el derecho que tengo de votar para imponerme el deber de enterarme.» El derecho que tengo a votar me impone el deber de instruirme. Hoy, los medios de comunicación y las redes sociales a través de la tecnología me proporcionan muchas informaciones, pero a la vez me inoculan tanta o más cantidad de desinformación. Instruirme implica prestar la máxima atención para filtrar los contenidos que recibo con el fin de detectar la verdad, el sesgo manipulativo de los eslóganes, la carga emocional orientada a decantar mi voto por resortes afectivos a veces inconscientes, por miedos inconfesables explotados sin conciencia por los equipos de campaña…
Rousseau en el mismo libro, unas líneas más abajo de la cita anterior, escribe: «El hombre nace libre, pero en todo momento se encuentra encadenado.» A menudo, ponemos atención sólo en las cadenas exteriores, que son muchas y variadas. Hablar mal de los medios de comunicación acostumbra a ser una práctica bastante común. El papa Francisco dijo que un pecado de la prensa es la coprofília, el amor por la cosa sucia, por las porquerías informativas. Hay que las producen y las publican, pero servirían de muy poco si las personas no practicaran la coprofagia, es decir, las consumieran, se alimentaran y engrosaran la audiencia de los medios que las divulgan. La batalla por la libertad empieza en el corazón de cada persona. Poco a poco, crecemos en conciencia ecológica y en la necesidad de tener cuidado del planeta. Los desechos son visibles. Sin embargo, queda un paso mucho más sutil: la ecología espiritual, que rechaza la mentira, el insulto, el odio, la manipulación…
Siempre que defiendo un derecho hay que preguntarse: ¿Quién tiene el deber de garantizarlo y cómo se tiene que ejercer?
Lluís Serra Llansana








