(Andreia Boato, Carmelita de San José · 12/07/24) Me llamo Andreia Botao, soy Hermana Carmelita de San José, Juniora y estoy a pocos días de profesar los votos perpetuos. Todo comenzó después de una meditación espontánea sobre ¿Cómo habría sido para María enfrentarse a las dificultades de su tiempo, con tal de ser madre del Hijo de Dios? En aquel entonces tenía 15 años, cuando fui consciente por primera vez, de que la Vida Religiosa podría ser un camino al que me sentía llamada. Pensaba en cómo María habrá cambiado su vida y todo lo que suponía. Después de detenerme unos minutos y de dejarme envolver por la escena y hacerla mía, decía en mis adentros: “Señor si me llamas, te diré que sí”.
Hoy, aquí estoy con mis errores y mis aciertos. Después de un largo camino, marcado por un momento fundante, pero también por un Encuentro que fue determinante para el sentido de pertenencia a una familia religiosa, las Hermanas Carmelitas de San José, hoy lo llamo sencillamente el momento: “Galilea”. Allí me llamó sin lugar a duda y allí torno siempre que quiero volver al “primer Amor”.
El día del sí definitivo se acerca y la alegría interior va en aumento. No quiero perder de vista lo que significa este “Cuánto he deseado celebrar esta cena con vosotros” en una entrega libre y gratuita con la confianza totalmente depositada en la Voluntad del Padre, la que sólo tiene sentido si es por Amor.
El Papa Benedicto XVI dijo que “un cristiano nace de un Encuentro con Alguien: Jesús”, y no puedo estar más de acuerdo. Si Jesús no es el pilar de mi vocación, todo se hace difícil, pero si es Él el centro de mi vida, entonces entiendo un poco mejor de dónde vino toda aquella valentía, con que María dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí”. Si Jesús es el centro de mi vida, yo sé que con Él viviré la alegría de las bodas de Caná. Que mi vida será siempre un camino de seguimiento de la verdad que es Jesús. Sé que habrán momentos en que inclinaré mi cabeza sobre el pecho de Jesús, sé que habrá momentos en que me desconcertará y me lavará los pies, para enseñarme a servir a mis hermanas y a cuantos me necesiten, pero fundamentalmente sé que con saberme mirada por Él, seré yo también expresión de Su rostro en medio de un mundo que está sediento de saberse Amado.
En los últimos años Jesús se ha empeñado en enseñarme una manera diferente de Amar. Su enseñanza va mucho más allá de la auto-realización, del auto-engaño, de la justificación, de los caprichos y del amor propio. A lo largo de mi tiempo de formación Jesús me habla de un Amor inamovible, seguro y definitivo, porque cuando entiendes que Él, y no otra persona, ha dado la vida por ti, por todos nosotros, entonces, se aprende a Amar sin esperar nada a cambio, sino que el Amor se vuelve expresión de agradecimiento por todo lo que ya he recibido y que nadie me lo puede quitar, porque está impreso en lo que soy.
Y lo que soy, gana un nuevo sentido este 16 de Julio, día en que celebramos la Solemnidad de la Virgen del Carmen: la plenitud de mi consagración a Dios por el bautismo. Una consagración que me confirma hija de Dios, que me regala una familia religiosa y tan buena Madre, María Santísima, indicando cual es el Camino, la Verdad y la Vida: Jesús.
Agradezco vuestra oración para que permanezca fiel a esta llamada.








