(Novicios/as de la URC · 02/02/26) También los novicios y novicias de la URC hemos celebrado el día de la Vida Consagrada. Animados por el entusiasmo de la Hna. Dulce María, hemos disfrutado de la alegría de sentirnos llamados por el Señor en un día tan especial para todos los consagrados y consagradas a Dios. Las pequeñas luces encendidas en nuestras manos son un símbolo de que también nosotros nos sentimos llamados a ser luz. Una pequeña luz en medio de tantas luces que a veces deslumbran nuestros ojos y no nos dejan ver más allá.
Después de cuarenta días, la luz de la Navidad vuelve a brillar en nuestros rostros. Nos gustaría que seas una luz portadora de paz, reconciliación, justicia y misericordia.
Acompañados de la presencia de María, Madre de la luz, nos hemos sentido hermanos y hermanas que caminan juntos. Vivimos una realidad fragmentada en la cual la belleza, el respeto, la diversidad parecen valores que no cuentan ya que aquello que predomina es la fuerza, el poder, la opacidad… Y en cambio Dios ha escogido la debilidad y la humildad para confundir a los poderosos. Desde nuestra realidad personal agradecemos la llamada vocacional que un día escuchamos. Apenas iniciamos el camino, pero nos sentimos confiados en los brazos de María que presenta a Jesús y lo ofrece a Dios en el templo.
Contentos de esta celebración que hemos vivido, celebramos la vida, celebramos que Dios nos estima inmensamente siempre y en todo momento. Y como dice el mensaje del Dicasterio para la Vida Religiosa: “Confiamos cada uno de nosotros en el Señor, para que nos fortalezca en la esperanza y para que seamos humildes de corazón, capaces de perseverar, de consolar, de recomenzar: y así ser, en la Iglesia y en el mundo, una profecía de presencia y una semilla de paz”.








