(Secretariado de la familia dominicana · 03/06/25) El pasado 23 de mayo de 2025, la Familia Dominicana de Cataluña se reunió en el Colegio de las Dominicas de la Enseñanza, en Barcelona, para celebrar la fiesta de la traslación de Santo Domingo de Guzmán. La jornada, en el marco del Año Jubilar 2025, estuvo centrada en redescubrir la profunda relación del fundador de la Orden con la ciudad de Roma, clave para entender el origen y la expansión de su misión.
El encuentro, que reunió frailes, hermanas, miembros de la Fraternidad Laical y otros laicos vinculados a las comunidades dominicanas, fue un momento privilegiado para profundizar en el carisma dominicano y su vigencia en el mundo actual. Fray Xavier Català, O.P., junto con la presidenta de la Fraternidad Laical, Montserrat Palet, ofrecieron una ponencia enriquecedora que nos permitió hacer memoria del camino de san Domingo y su conexión vital con la ciudad eterna.
Durante el siglo XIII, Roma vivía una época de renovación impulsada por papas como Inocencio III. En este contexto, Domingo inició su relación con la ciudad el 1205, cuando viajó con el obispo Diego de Acebes. A pesar de que no obtuvieron el permiso papal para predicar en tierras paganas, este primer contacto marcó un vínculo duradero con la sede de Pedro.
El año 1215, Domingo volvió a Roma para participar en el IV Concilio de Letrán. Acompañado por el obispo Folc de Tolosa, solicitó la aprobación de la nueva comunidad de predicadores. El papa Inocencio III, inspirado por una visión donde veía a Domingo sosteniendo la Iglesia, le recomendó adoptar una regla ya existente. Así, escogieron la Regla de san Agustín, dando forma a la Orden de los Predicadores, que fue oficialmente reconocida el 1216 por el papa Honorio III con la bula “Religiosam Vitam”.
Roma aconteció entonces centro espiritual e institucional para la Orden. Domingo vivió momentos claves: desde sus estancias en Santa Sabina, que acontecería Casa Generalicia, hasta la fundación del monasterio de San Sixto, con la reforma de la vida religiosa femenina. La tradición también recoge varios milagros vividos en Roma, como la resurrección de un joven o la multiplicación de panes, signos de su fe profunda y compasión.
Con su visión contemplativa y a la vez activa, Santo Domingo dejó una impronta que continúa viva. Según el testimonio de sor Cecilia Romana, Domingo era un hombre de mirada brillante, voz fuerte y sonreír constante, capaz de transmitir paz, alegría y determinación.
La jornada culminó con una eucaristía solemne presidida por fray Xavier Català O.P, seguida de un refrigerio en el claustro, donde se compartió la alegría de reencontrarnos como comunidad viva y comprometida. Con espíritu renovado, la Familia Dominicana reafirma su voluntad de seguir sirviendo a la verdad y anunciando el Evangelio, tal como lo hizo nuestro fundador hace más de ocho siglos.








