Sábado tres de febrero, llegamos al Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús, religiosos/as de diferentes comunidades de Lleida y pueblos, deseosos de compartir entre nosotros y con las Carmelitas de esta comunidad.
Lema de la JORNADA: LA VIDA CONSAGRADA ENCUENTRO CON EL AMOR DE DIOS
Dio comienzo el retiro con la concelebración de la Eucaristía presidida por el Sr. Obispo Salvador Jiménez y acompañado del P. Jesús Sans y el P. Ángel Briñas. Toda la celebración fue compartida, por los asistentes y las Hnas. Carmelitas: cantos, preces, momentos de silencio… y al terminar la Misa como era el día de San Blas unas familias y las mismas Hermanas presentaron alimentos que el Sr. Obispo los bendijo, fueron sentimientos de fe que a través de los años se van repitiendo.
Terminada la Eucaristía, la Madre Priora nos dio la bienvenida y las gracias por nuestra presencia en día tan memorable, también otra Hna. nos habló de su Carisma, resaltó palabras de Sta. Teresa: que no las quería solo monjas sino también ermitañas y que permanecieran dentro de la Iglesia, por lo que ellas en su silencio, sacrificio y oración tienen presente y piden por las necesidades de la Iglesia Universal, todo esto junto con la homilía de nuestro Sr. Obispo, que hizo referencia: Primera lectura: 1 Re. 3, 4-13 “Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal”. Y al evangelio: Mc. 6, 30-34 “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco”. Hizo también mención a la Madre Teresita y al P. Joan Suñol S.J. fallecidos el año pasado. Insistió en la capacidad de escucha que hemos de tener los consagrados y en la oración por las nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.
La importancia del encuentro que solo puede darse desde una atenta escucha a Dios en la oración, en la escucha al hermano, en la comunidad y en nuestro mundo con hambre de Dios.
Todo esto lo pudimos meditar en el largo tiempo que tuvimos de oración personal.
Acabada la oración en la Iglesia pasamos a diferentes salas, por grupos o individual, fuimos hablando con las Hnas. Carmelitas en el locutorio, momentos en los que veíamos la grandeza y amplitud del Espíritu de Dios; mientras, como éramos muchos, otros compartimos nuestras experiencias degustando un buen y abundante picapica, que nos habían preparado, creo que todos nos sentimos contentos y animados y podíamos cantar con el salmista, ¡Qué deseables son tus moradas!
Finalizada la visita con las Hnas. en el locutorio y el compartir entre nosotros y que todo fue muy bueno, nos fuimos despidiendo, con una esperanza renovada que camina hacia la plenitud.








