Lanzad las redes
Las redes sociales están muy presentes en el mar de las comunicaciones. Twitter, Facebook, Instagram, Youtube, WhatsApp… son múltiples recursos para hacerse presente en el ágora, en la plaza pública. Se establecen en el mundo diariamente millones de conexiones. El tiempo y el espacio no representan ninguna dificultad. En breves según, los datos pueden recorrer miles de kilómetros. Los móviles sacan humo. Por las pantallas desfilan imágenes, textos, vídeos, músicas… procedentes de los lugares más insospechados del planeta. Cualquier persona, con un mínimo de tecnología a su servicio, puede abrir cuentas y lanzarse a la vorágine de la comunicación. Las instituciones también luchan para hacerse presentes en el campo digital. La potencia de las cañerías no garantiza que el agua que circula sea limpia y transparente. Cómo en toda realización humana, se mezclan posibilidades y riesgos.
La apertura de la nueva web de la URC (Unión de Religiosos de Cataluña), después de un largo tiempo de inactividad por reformas, propicia una reflexión sobre el papel de la Iglesia, de sus instituciones y de sus miembros en el ámbito de las redes sociales. Como recuerda Míriam Díez: «La comunicación en la Iglesia no es un lujo sino una necesidad. Una Iglesia cerrada en ella misma no es evangélica.» Jesús Colina afirma: «La presencia católica en internet es tímida; pocos nos leen, pocos nos visitan. Faltan iniciativas “fuera de la sacristía”.» Enric Planas escribe: «Trabajando en comunicación en la Iglesia hay que ser libre, educado, sin dejarse intimidar, cultos e interdisciplinarios.» Amparo Gómez ha publicado un libro titulado Comunicar a Dios en 140 tuits, de dónde he recogido las tres frases anteriores.
La lectura y meditación de los textos evangélicos nos pueden dar algunas claves (Lc 5,1-11). Jesús se encuentra en el lago de Genesaret. Sube a una barca y se aparta un poco de tierra para poder hablar a la gente que se amontona a la orilla. Cuándo ha acabado la instrucción, dice a Simón: «Navega lago adentro y echa las redes.» Simón reconoce que se ha aplicado toda la noche y que no ha cogido nada, pero sigue las indicaciones. La pesca es tan abundante que las redes casi se rasgan. Los pescadores, expertos en el tema, quedan maravillados. Jesús le dice: «No tengas miedo. De ahora en adelante serás pescador de hombres.»
La presencia de la Iglesia en las redes requiere ir a aguas profundas, sin dejarse llevar por la superficialidad, corriendo el riesgo que haga falta; fiarse de las palabras de Jesús a pesar de los esfuerzos, a veces, infructuosos, de los proyectos propios; perder el miedo que paraliza y obstruye las posibilidades; servir las personas como prioridad máxima. Los discípulos son pescadores expertos. Indispensable es tener una buena preparación en la técnica. Siendo importante, no hay bastante. En el ámbito espiritual, la confianza en Dios es imprescindible. Lejos de caer en un narcisismo mercantil o propagandístico, se trata de evangelizar: para lo cual, hacen falta las redes, como http://urc.cat/index.php
Lluís Serra Llansana








