(Joan Codina, sdb. Vicepresidente URC · 17/01/25) Releyendo la Bula de convocatoria del Jubileo Ordinario del año 2025, que tiene por lema: “Peregrinos de esperanza”, me doy cuenta de cómo la Vida Consagrada se tendría que sentir interpelada de una manera u otra, para seguir comprometida a animar espacios para volver la esperanza a tantas personas de nuestra sociedad.
Nosotros mismos necesitamos retomar la esperanza para no caer en el desaliento provocado por las dificultades internas que estamos viviendo en nuestras instituciones y que nos pueden producir estancamientos, desilusiones, carencia de imaginación y de empuje. Queriendo participar en este año de renovación que el Papa propone a toda la Iglesia, nos tendremos que preguntar dónde fundamentamos la esperanza como consagrados y consagradas
El documento papal también hace referencia a un aspecto que atañe a nuestra vida fraterna: cuando habla de la necesidad de tener paciencia para encontrarnos, dialogar, pienso que también es un llamamiento a incentivar el clima de familia, reunirnos, escucharnos y compartir con serenidad dentro de nuestras comunidades. Otro reto que conviene afrontar para que la esperanza no desfallezca sino que sea enriquecida por el rescoldo comunitario.
“Ponerse en camino es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida, el valor del silencio, del esfuerzo, de lo que es esencial”, dice Francisco. La Vida Consagrada no puede quedar parada, detenida viendo como va yendo y viniendo la gente de nuestro alrededor. Hay que salir de nuestra zona de confort y añadirnos al peregrinaje de tantos hombres y mujeres comprometidos para ser también nosotros signos de esperanza en tantos campos en los que ya estamos presentes, pero que seguramente podemos intensificar nuestra presencia activa. Campos en los que el Papa se entretiene en desarrollar en la Bula: la paz, la alianza social por la esperanza, las prisiones, la sanidad, los jóvenes, los migrantes, los ancianos, los pobres, etc. En todos estos espacios podemos seguir aportando mejoras personales, sociales y espirituales que rompan la resignación y devuelvan y arrecien la esperanza, y ayuden al crecimiento de la persona y de los colectivos en todas las dimensiones.








