Paisajes después de la celebración, iniciada a medianoche por el tañido de las campanas: botellas de cava vacías, canciones que todavía resuenan en la memoria, rastros de purpurina en el rostro, calor de besos y abrazos, soledad en escenarios distintos, espera en el andén del metro para volver a casa, cambio de dígitos en la pantalla de los móviles, uvas convertidas en lagar ocasional, whatsapps a toda pastilla en una noche loca, imágenes de instagram desde lugares inverosímiles, televisores apagados tras vender felicidad a cualquier precio… Unas horas festivas de cambio para que todo siga igual, aunque con una oportunidad nueva: el corazón no renuncia a la esperanza de un mundo mejor, de una vida más humana, de la transformación de los sueños en realidad.
El día primero de enero, desde hace 53 años, se celebra la Jornada Mundial de la Paz. El papa Francisco ha lanzado al mundo un mensaje, titulado: «La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica.» En él afirma: «La esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables.» Basta pasear nuestra mirada por un mapamundi para darnos cuenta de los numerosos focos conflictivos que salpican la geografía mundial: guerras, tensiones, populismos, violencia, abusos de poder, aplastamiento de las minorías, utilización del miedo como instrumento de represión…
¿Cómo podemos trabajar a favor de la paz en nuestro caso? Hay obstáculos que, aunque parecen insuperables, se pueden vencer a través del diálogo y de la reconciliación. Si quienes detentan el poder político se niegan a dialogar, los problemas se polarizan y las soluciones se bloquean. El diálogo no es signo de debilidad sino de inteligencia. Un diálogo sin líneas rojas en el temario. Además de proponer ideas, hay que sembrar actitudes de reconciliación, voluntad de entendimiento, relaciones afectuosas… Los medios de comunicación, redes sociales incluidas, están llenos de mensajes de odio, descalificación, insultos, amenazas… Así, la paz resulta imposible.
LLUÍS SERRA LLANSANA








