El próximo 10 de junio de 2018 en Agen (Francia) tendrá lugar la beatificación de Adela Batz de Trenquelléon, fundadora, junto con Guillem Josep Chaminade, del Instituto de las Hijas de María Inmaculada –Marianistas- en Agen (Francia) en 1816.
Esta beatificación es una dichosa noticia para toda la Familia Marianista, es el fruto de un progresivo conocimiento de la persona de Adela y de una mayor estima de su persona dentro de la Familia.
Con el anuncio de la beatificación su figura adquiere una nueva luminosidad y una comprensión más completa, a la vez que aumenta las ganas de conocer su persona y su mensaje y de quererla más.
Adela fue una santa, un ejemplo de vida cristiana, así nos lo propone la Iglesia. Ella, viviendo la santidad en el día a día, en las cosas sencillas y en las pruebas cotidianas, nos presenta la santidad como una meta a conseguir. Su principal preocupación era dar respuesta al proyecto que Dios tenía para ella; en esto residía el secreto de su paz.
Su beatificación nos permite contemplar el testimonio de su unión íntima con Jesús, que la trajo a vivir con una actitud de confianza radical en el Padre, de fortaleza, de ánimo y de esperanza firme en el triunfo de la Vida. Su vida sencilla y fecunda es un testigo que nos estimula ante la tentación de la desconfianza o de la mediocridad de nuestra fe y de nuestros compromisos. Su ardor misionero la llevó a hacer todo aquello que estaba en sus manos para formar mujeres arraigadas en la fe cristiana.
Adela sembró, fortalecióe hizo fecunda la fe en la sociedad en la que ella vivió. No se reservó la vida para cumplir sus planes, sino que, como Jesús de Nazaret, la entregó generosamente a fin de que otras “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
SU NACIMIENTO
Adela nació el 10 de junio de 1789, siendo este hecho un motivo de gran alegría para toda la familia y para las personas de la región, que apreciaban a la familia Trenquelléon. Fue bautizada este mismo día en la iglesia de Feugarolles. Durante toda su vida Adela celebraró el aniversario de su bautismo.
En el año 1797 marcha hacia el exilio en España y Portugal con su madre y su hermano Carlos. En el año 1801 hace la primera comunión en San Sebastián y nace en ella el deseo de ser carmelita. En el año 1799 nace su hermana Deseada. En el año 1803, dos años después de su regreso a Francia, recibe la Confirmación junto con Joana Diché, con la que establecerá una profunda amistad. Desde este momento de su vida, su deseo de hacer conocer, estimar y servir a Jesús es cada vez más fuerte.
En el año 1808 funda la “Pequeña Asociación”, el espíritu de la cual es muy cercano al de la Congregación fundada por el Padre Chaminade en Burdeos. La “Pequeña Asociación” se afiliará a la Congregación de Chaminade en 1808. Pronto surge en el corazón de Adela su “estimado proyecto”, que se hará realidad cuando el 25 de mayo de 1816, en Agen, se funda el Instituto de las Hijas de María Inmaculada (Hermanas Marianistas).
El propósito del Instituto era la misión, empezando por el acompañamiento de los miembros de la Congregación; después este objetivo inicial se diversificará: clases gratuitas, recesos, catequesis, actividades diversas…
Muy pronto se fundan otras comunidades: Tonneins (1820), Condom y Burdeos (1824) y Arbois (1826). Adela muere el 10 de enero de 1828.
SU FAMILIA
Su padre era el Barón Carles de Batz de Trenquelléon, dueño del castillo donde vive la familia y de todas las tierras que lo rodean. Es militar y muy a menudo está fuera de casa al servicio del rey de Francia. Cuando su padre está en casa, Adela es especialmente feliz. Su relación con sus padres es excelente, pero es un poco diferente con cada uno de ellos. El padre es una persona correcta y cariñosa, aunque, por su profesión de militar, los de fuera de la familia lo consideren serio y distante.
Adela es la hija grande y, aunque la vida de ésta toma un rumbo diferente del que él podía esperar, la admira y aprecia profundamente. El barón tenía la costumbre de traer a su hija algún regalo que estuviera a la altura de su condición de aristócrata: muñecas cuando Adela era pequeña, bonitos vestidos cuando ya era más grande… Aun así, pronto se dió cuenta que no es esto lo que Adela desea y aquello que la hace feliz. Ahora, cuando el barón vuelve de París, de Agen o de Burdeos, le trae algo para los pobres y también algo para su oratorio.
De su padre Adela heredó el hecho de tener un carácter fuerte, disciplinado, firme en sus decisiones y con un gran sentido de responsabilidad.
Su madre es María Úsula de Peyronnencq, descendente de San Luis y de una familia noble. Es una mujer extraordinaria que se ocupa de la educación de sus hijos y sabe acompañarlos en cada uno de los momentos de su vida. Adela va muy a menudo con su madre a visitar las familias que viven en sus tierras, visita los trabajadores en sus hogares, les lleva comida, ropa y medicines, tiene cuidado de los enfermos, como si fueran de su propia familia…
Adela aprendió mucho su madre, las obras de caridad de la cual son incontables (incluso para su propia familia). Cuando la baronesa murió sólo tenía 5 francos y la ropa que traía. Es seguro que Adela heredó de su madre la generosidad con los pobres, el tratar a todos con el mismo respeto, sin creerse superior por el hecho de ser de una familia noble; heredó la sencillez y, sobre todo, el amor a Dios por encima de todas las cosas.
HIZO DE SU VIDA UN PROYECTO
La Revolución Francesa se inició en los meses en que se gestaba la vida de Adela en el seno de Maria Úrsula, la madre y su padre sufrieron los acontecimientos de Francia a finales del siglo XVIII. Los Estados Generales se reunían en Versalles para debatir sobre la grave crisis que asolaba toda la nación. El Tercero Estado reclamaba justicia e igualdad, mientras que los estamentos sociales privilegiados se resistían a los cambios sociales, políticos y económicos inspirados por la Ilustración y exigidos por la evidente realidad del déficit del estado y por el hambre de la gente en los campos y en las ciudades.
El desarrollo de la revolución, la expoliación de los bienes familiares, el exilio, el desarraigo, la pobreza que contempló en el entorno del castillo de Trenquelléon, donde ella nació, así como la proximidad de la muerte… llevaron Adela a descubrir la precariedad de la vida y el tesoro de los valores eternos, hasta el punto de vivir en el castillo con un corazón libre y sin sentido de posesión, como el peregrino que sueña caminos y metas, y que prepara y espera pacientemente el momento de su salida para ponerse a andar hasta el momento de lograr y de disfrutar de los bienes deseados.
En medio de esta realidad nació, creció y escuchó Adela el llamamiento de Dios. La experiencia profunda de su amor fue creciente desde su infancia y en su adolescencia y juventud logró aquella profundidad que viven los elegidos que, seducidos por Jesús, siguen sus huellas iluminados ‘por la luz del Espíritu, fortalecidos por la Palabra y acompañados por su Presencia.
Así es Adela, una mujer profunda, seducida por Dios, con una espiritualidad que se alimenta del Espíritu Santo en la plegaria y los sacramentos. Jesús, su gran tesoro, fue la fuente de su alegría el motivo de un entusiasmo que le permitió agrupar en la “Pequeña Asociación” a jóvenes y a adultos para compartir la fe, la plegaria y la misión.
El liderazgo natural de Adela, inspirado en el estilo de Jesús, tuvo el atractivo del testigo de vida, de la amistad y del afecto que se expresaba en sus cartas, del dinamismo que daba a sus reuniones y a los viajes apostólicos por los pueblos de la comarca de Agen. La inquietud del corazón de Adela es su búsqueda del corazón de Dios, su deseo de progresar en la vida interior. La Providencia la enriqueció con el espíritu de las Congregaciones Marianas del Padre Chaminade en Burdeos.
Y así, poco a poco, el amor a Dios se convirtió en el Proyecto, “su estimado Proyecto” de vida consagrada en comunidad y en alianza con María, entregada al servicio del Evangelio.
LAS RELIGIOSAS MARIANISTAS EN CATALUÑA
Las religiosas marianistas, hoy están presentes en 16 países, estamos en Barcelona, en el barrio de La Verneda, desde el año 1960, en el colegio que tiene el nombre de la fundadora, Adela de Trenquelléon.
Adela de Batz de Trenquelléon y Guillem Josep Chaminade, fundadores de la Familia Marianista, comprendieron la importancia de tener buenos maestros en la vida que fueran guías para muchos hombres y mujeres que tenían necesidad de conocer mejor la FE y crecer como personas.
El colegio de la Verneda quiere ser hoy un referente educativo, el lugar donde los alumnos encuentran maestros y guías que los ayuden a construir una vida con sentido. Los principios marianistas que definen el estilo educativo que nos caracteriza permanecen desde el origen de la fundación.
Las religiosas marianistas somos las responsables de la conservación de este legado y de mantenerlo vive en nuestras obras. Esto es posible gracias a los educadores laicos con los que compartimos la misión y hacemos realidad el proyecto educativo marianista.
Nuestros centros se caracterizan por el espíritu de familia que se puede percibir en el estilo de las relaciones que se establecen y de las que tienen cuidado los miembros de la comunidad educativa. Este espíritu hace que padres, profesores, alumnos y personal de administración y de servicio, todos nos sentimos como una parte del proyecto común, siendo responsable cada persona de la tarea que tiene encomendada.
Este ambiente de familia es el que permite desarrollar una educación integral de calidad, buscando transmitir a nuestros alumnos la coherencia entre la Fe, la cultura y la vida.
Por eso, la educación marianista es educación en la Fe. A través de nuestros planes de pastoral proponemos un camino de crecimiento interior que ayuda a los niños y adolescentes a conocer de forma progresiva a Jesús y María, a descubrir la presencia de Dios en sus vidas y a construir una escalera de valores con los valores del Evangelio.
Cómo en el tiempo de nuestros fundadores, vivimos en medio de unas rápidas y grandes transformaciones sociales, científicas y tecnológicas, aunque no todo lo que sucede en nuestro mundo es un motivo para avanzar en la justicia y en la paz.
Resulta muy actual otra característica que define nuestros colegios, la adaptación al cambio. Los profesores realizan un esfuerzo constante para ampliar y mejorar sus conocimientos metodológicos en todas las materias. Son conscientes de que cada uno de los niños que tiene confiado es único y buscan la mejor forma de acompañarlo en su crecimiento le es confiado, siendo conscientes de que la exigencia y la confianza hacen que pueda lograr los objetivos educativos.
Afrontamos el futuro con un espíritu emprendedor, el mismo que movió a Adela de Trenquelléon y a Guillem Josep Chaminade a ser innovadores y creativos, constructores de un mundo más justo y más humano.
Trabajamos con el compromiso que los niños de hoy sean mañana los hombres y mujeres que bendigan una sociedad fraterna y justa.
María es la que inspira nuestra acción educativa. Estamos convencidas que es Ella quien da consistencia y seguridad a nuestros proyectos. Sus actitudes hacen posible que hoy esté vivo el espíritu marianista.
Celebramos la disponibilidad, la sencillez y la cooperación que se manifiesta en nuestras comunidades educativas.
Mª Carmen Belda, fmi








