Este lunes ha muerto a los 76 años el franciscano Josep Costa, principal impulsor junto con Sor Genoveva Masip de la Fundación Acogida y Esperança. Con esta Fundación dio continuidad al trabajo de apoyo y acompañamiento a los enfermos de Sida que inició en los años 80 cuando la enfermedad era una sentencia de muerte. El funeral tendrá lugar este miércoles, a las 12h, en el Santuario de Sant Antoni de Padua de Barcelona.
Después de casi 15 años de misionero en las zonas más deprimidas de Bolivia, el 1983 costa volvió a Cataluña por motivos de salud. Aquí decidió vivir su vocación misionera en el Cuarto Mundo. En este ambiente descubrió de la mano de Sor Genoveva, Hija de la Caridad, como el Sida empezaba a causar estragos entre los más pobres y como mucha gente moría en la calle, sola y en condiciones durísimas. Con Sor Genoveva se implica en la ayuda a las personas enfermas de VIH/sida, excluidos socialmente, estigmatizados y profundamente sólos.
Al poco tiempo se proponen abrir un piso para acoger estas personas, ofrecerles las comidas básicas, un lugar donde dormir y el compromiso de ayudarlos. Un entorno familiar con quién convivir. Esta experiencia condujo la creación de la Fundación Acogida y Esperanza que presidió Josep Costa.
Vocación Misionera
Josep Costa Planagumà nació el 1 de octubre de 1940 en Badalona. Estudió a los Maristas e ingresó en el seminario franciscano de Balaguer. Posteriormente completó los estudios de filosofía y teología al convento de Berga. Durante su formación en pleno Concilio Vaticano se le despertó la vocación misionera y el deseo de ir al Tercer Mundo. El 2 de diciembre de 1967 fue ordenado presbítero y el diciembre de 1969 llegó a Bolivia en la que será una de las etapas más importantes de su vida.
En Bolivia, profundamente impresionado por la pobreza extrema y por el sentido comunitario de la gente, decide dedicar aquellos años a trabajar por la justicia social. En su libro de memorias, Aventuras y desventuras de unas sandalias (2011), recuerda como «ver las nuevas formas de esclavitud que allí había me escandalizaba mucho, y más al ver que lo hacían los blancos que se tenían por buenos cristianos, pero la justicia social no existía y la manera como se aprovechaban de los indígenas era un verdadero pecado”. En esta época también construye un mensaje muy crítico con la Iglesia institucional y nunca escondió sus demandas de una reforma radical como recogía en una entrevista en La Vanguardia.
El crecimiento de la Fundación Acogida y Esperanza
La Fundación Acogida y Esperanza se crea el 1990 cuando abrieron el piso de acogida Itaca para enfermos de Sida en fase terminal en la Barceloneta, barrio de Barcelona donde ya trabajaba Sor Genoveva con la Obra Social Santa Luisa de Marillac. En 1993 el padre Costa y un grupo de voluntarios de Itaca formó una pequeña comunidad cristiana de base que promovió la acogida desde la persona y hacia la persona.
La Fundación tiene un fuerte crecimiento en pocos años y actualmente atiende a casi un millar de personas. El aumento de enfermos y la carencia de plazas residenciales impulsan la Fundación a abrir el 1996 el primer centro de acogida en Badalona, Can Ébano, que se amplía tres años después. Y en el 2003 inauguran un segundo centro de acogida en la Bisbal de la Empordà, en el Convento de los Franciscanos, y, más adelante, tres viviendas para los usuarios que logran cierta autonomía. Los servicios de la Fundación se fueron profesionalizando hasta convertirse en una fundación de referencia en la acogida y la atención a personas seropositivas que sufren exclusión social.
El sábado 27 de enero, a las 18h, en e Convento de los Franciscanos de la Bisbal de la Empordà también se celebrará una misa de recuerdo y agradecimiento.
Padre todobondad
Desde la Fundación Acogida y Esperanza explican como «su vida y su testimonio dejan una impronta profunda en esta organización que fundó y presidió. Josep estaba enamorado de Jesucristo y como él mismo decía, su vida era un intento de seguir sus huellas. Ahora ya está con el Padre. Él no decía nunca ‘Padre todopoderoso’ –había visto demasiado sufrimiento y dolor- sino que siempre decía ‘Padre todobondad’».
(CatalunyaReligió)








