(Secretaría General del Sínodo · 08/09/26) Criterios compartidos para el discernimiento de nuevos institutos, un delegado para la vida consagrada en cada diócesis, acuerdos que abarquen formación, paridad de género, remuneraciones y gestión patrimonial. Y una Visita ad limina preparada con toda la Iglesia local, vivida como un «intercambio de dones», en un diálogo «no unidireccional» y sometida a una evaluación independiente.
La Secretaría General del Sínodo publica hoy el Informe final del Grupo de Estudio n. 6 sobre La revisión, en perspectiva sinodal y misionera, de los documentos sobre las relaciones entre Obispos, vida consagrada, agregaciones eclesiales y la segunda parte — sobre las Visitas ad limina — del Informe final del Grupo de Estudio n.7 sobre algunos aspectos de la figura y del ministerio del Obispo (en particular: los criterios de selección de los candidatos al episcopado, la función judicial del Obispo, la naturaleza y el desarrollo de las visitas ad limina apostolorum) en una perspectiva sinodal misionera. La primera parte fue publicada el pasado 5 de mayo.
El Papa León XIV ha dispuesto que los Informes finales se hagan públicos para compartir con todo el Pueblo de Dios los frutos de la reflexión y del discernimiento que se han realizado, concretando una de las características esenciales de la Iglesia sinodal: la transparencia y rendición de cuentas (cf. Documento final, n. 97). Los dos textos recopilan las propuestas entregadas al Santo Padre al concluir los respectivos trabajos. No se trata de decisiones ya tomadas, sino de indicaciones que los Dicasterios competentes y la Secretaría General del Sínodo convertirán en propuestas operativas para presentarlas al Santo Padre (cf. Nota de la Secretaría General del Sínodo, 3 de marzo de 2026).
«Estos dos Informes parecen hablar de cosas diferentes, pero dicen lo mismo: no hay misión sin una conversión de las relaciones. Entre un obispo y las comunidades religiosas, entre un obispo y la porción del pueblo de Dios que se le ha encomendado, entre una Iglesia local, las Iglesias de un mismo territorio y el Obispo de Roma, rige el mismo principio: se escucha, se rinde cuentas, se intercambian dones. Ambos textos ponen en el centro lo que el Sínodo ha llamado la corresponsabilidad diferenciada», dice el Cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo.
El Informe final del Grupo de Estudio n.6
El Informe final del Grupo de Estudio n. 6 se elaboró «para ofrecer al Santo Padre una contribución práctica» sobre la urgencia de promover una «conversión relacional» entre obispos, vida consagrada y agregaciones eclesiales –asociaciones de fieles, movimientos eclesiales, nuevas comunidades. Se trata de superar enfoques funcionales o meramente jerárquicos para llegar a relaciones basadas en la confianza, la escucha recíproca y el generoso intercambio de dones. Esto conlleva un esfuerzo concreto de transformación interior — de corazón y actitud — y estructural — de los lenguajes, métodos y espacios de encuentro.
El Grupo, que se reunió entre abril de 2024 y febrero de 2026, y se organizó en tres subgrupos temáticos, trabajó a partir de la escucha directa: cuestionarios y entrevistas a obispos, personas consagradas y moderadores de agregaciones. Los resultados fueron comparados y reelaborados progresivamente hasta alcanzar a la síntesis final orientada a la práctica.
Las propuestas se estructuran en torno a tres ámbitos: las relaciones entre obispos y vida consagrada; la colaboración entre conferencias episcopales y conferencias de los superiores mayores; las relaciones entre agregaciones eclesiales e Iglesias locales.
En el primer ámbito, el Grupo propone elaborar criterios teológico-jurídicos de discernimiento para la aprobación de nuevos institutos, sociedades de vida apostólica y formas emergentes; el nombramiento, en cada diócesis, de un delegado o vicario para la vida consagrada, con encuentros anuales entre obispos, personas consagradas y conferencias de superiores mayores; un acompañamiento sinodal durante las transiciones más delicadas por las que atraviesan muchos institutos — el declive de las vocaciones, la supresión de comunidades, el destino de los bienes — a través de visitas personalizadas, espacios de diálogo y apoyo espiritual. El Informe también pide acuerdos obligatorios entre diócesis e institutos — que regulen la misión, la formación, la paridad de género, las remuneraciones y la gestión patrimonial — acompañados por comités de conciliación, fechas límite e indicadores de rendición de cuentas.
En cuanto a la colaboración entre conferencias episcopales y conferencias de los superiores mayores, el Informe sugiere ante todo que las Visitas ad limina se preparen de manera conjunta, para que el diálogo con la Sede Apostólica refleje toda la realidad eclesial de un territorio dado. También propone espacios de fraternidad, como retiros y jubileos, y encuentros anuales de las secretarías generales para favorecer el conocimiento reciproco; una formación conjunta — con módulos sobre la sinodalidad, la eclesiología y el liderazgo — que se realice conjuntamente en los seminarios, noviciados y centros de formación; iniciativas anuales multidisciplinares al servicio de las periferias. A nivel de las estructuras, el Informe indica protocolos claros sobre la colaboración pastoral y los recursos disponibles, la presencia de delegados religiosos en las conferencias episcopales y la representación plena de las personas consagradas y de los laicos en los organismos decisionales.








