(A. Tarragona · 21/05/26) Las diversas comunidades de hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna presentes en nuestra archidiócesis se encontraron, este miércoles día 20 de mayo, en la iglesia del Sagrat Cor del Col·legi Vedruna de Tarragona para celebrar el bicentenario de la fundación de esta Congregación.
La celebración, que fue presidida por el arzobispo Joan Planellas, contó también con la participación de numerosos presbíteros, miembros de la comunidad educativa del centro y muchos fieles que llenaron la iglesia, a los que también se añadieron religiosas de otras congregaciones y la delegada diocesana para la vida consagrada, Hna. Isabel Górriz, d.e.i.c.
Al iniciar la celebración, la Hna. Dolors Tribó, c.c.v., dirigió unas palabras en las que habló de los inicios de la Congregación, cuando santa Joaquina de Vedruna «entregó la última moneda que tenía a los pobres y reunió a las nueve chicas con las que empezó en su casa». Fue una comunidad «que nació en torno al pan y el vino de la eucaristía, que las motivó a la fraternidad y a la entrega generosa, y, empapadas del Espíritu, se dispusieron a extender la Buena Nueva del Reino, especialmente a los más pobres», expresó. Así, la Hna. Tribó rogó para que el Espíritu «nos renueve, nos una y nos envíe a llevar esperanza y vida a tanta gente que lo necesita».
Arzobispo Joan: «Educar es una forma de amar»
Acto seguido empezó la eucaristía. Durante la homilía, el Sr. Arzobispo remarcó que la Congregación celebraba «doscientos años de vida, y eso se refleja en cada rincón de la escuela: está llena de vida y de memoria de muchas generaciones que han pasado por las escuelas y comunidades Vedrunas». Así, el arzobispo Joan dio las gracias «a tantas hermanas Vedrunas que lo han dado todo con discreción y cariño al proyecto de su fundadora, santa Joaquina de Vedruna, y a Dios, en tantas escuelas, en los enfermos o en las comunidades parroquiales».
El dr. Planellas también destacó que «santa Joaquina entendió algo muy sencillo y, al mismo tiempo, muy profundo: que educar es una forma amar». En este sentido, recordó que la escuela cristiana «debe ayudar a cada persona a descubrir que su vida tiene valor, que nadie sobra, que todos tenemos una luz que ofrecer, que emana del mensaje de Jesucristo, el primer gran educador».
Por este motivo, el arzobispo Juan aseguró que «la obra de santa Joaquina, materializada en la creación de las Carmelitas de la Caridad, ha tenido un impacto duradero a lo largo de dos siglos y ha contribuido a mejorar la vida de muchas personas en todo el mundo». Y, aún hoy, «su herencia sigue viva gracias a la labor de las hermanas y de todas aquellas personas que han transmitido sus valores», dijo. El Sr. Arzobispo cerró la homilía orando para que «santa Joaquina de Vedruna siga inspirando a esta gran familia».
Al finalizar la homilía, y tras las plegarias de los fieles, en el ofertorio se presentaron varios símbolos relacionados con la presencia de las Carmelitas de la Caridad Vedruna en todo el mundo: un barco, un globo terráqueo, una lámpara encendida y varios documentos de la Congregación.
Hna. M. Gracia Gil: «Necesitamos personas capaces de amar y servir con alegría»
Una vez finalizada la eucaristía, la provincial de Europa de la Congregación, Hna. M. Gracia Gil, c.c.v., dio las gracias a todas las personas que forman la familia Vedruna: «Tenemos mucha vida compartida por muchas personas que han dejado huella y, hoy, con gran respeto, hacemos memoria agradecida y ponemos en manos de Dios lo que ya ha sido, pero que hoy vivimos convertido en historia de salvación».
Por último, expuso que «el legado de santa Joaquina nos recuerda que si queremos que Vedruna permanezca en el tiempo necesita personas capaces de amar y servir con alegría». «Solo así será posible transformar el mundo, y nosotros ya sabemos cómo: todo por amor, nada por la fuerza.»
La celebración de este 200 aniversario de la Congregación de las Carmelitas de la Caridad Vedruna cerró con el testimonio de algunas personas que, a lo largo de su vida, han estado vinculadas al carisma Vedruna.








