(AF · Xavier Pete · 22/04/24) Fray Octavi Vilà llegó a la plaza de los Apóstoles de Girona, el pasado domingo por la tarde, vestido con el hábito cisterciense. Una indumentaria como la que unos minutos antes lucían, en este lugar, una decena de monjes del monasterio de Santa María de Solius, que no se perdieron la celebración en la sede gerundense, y que entraban por la puerta del templo entre personalidades políticas, culturales, civiles y religiosas de toda Cataluña. “Nunca había habido tanta expectación por la llegada de un nuevo obispo”, admitía un cura diocesano de Girona mientras hacía cola para entrar al templo, donde un rato más tarde millar y medio de personas recibieron Octavi Vilà entre alabanzas y aplausos.
Con el aforo completo dentro de la catedral, la plaza de los Apóstoles evidenciaba, también, la expectación que despertaba la ordenación y toma de posesión del nuevo líder espiritual de Girona con una imagen para el recuerdo: cerca de dos centenares de personas —algunas, incluso, con banderas parroquiales— siguieron en directo a través de una pantalla gigante la ordenación, controlada en todo momento por un amplio dispositivo policial al exterior. Mientras esto pasaba, el recinto era imperceptiblemente controlado desde el cielo por varios aparatos aéreos.








