(Lluís Agustí, fms) Hoy en día, en el lenguaje corriente, en muchas personas la palabra sinodalidad puede ser que signifique poca cosa o nada, pero sin duda está muy de moda en la Iglesia.
Cómo toda palabra de moda la podemos someter a todo tipo de usos y abusos. Es por eso que tenemos que estar atentos a clarificar su significado.
¿Nos preguntamos cómo podemos vivir en una actitud sinodal en nuestra vida de cada día y qué podemos hacer para poner en práctica su sentido? Fruto de la lectura personal sobre el tema os presentamos alguna sugerencia.
1-La práctica del encuentro con un mismo, con los otros y con el Señor.
El camino sinodal es un proceso de reencuentro con un mismo: la conversión sinodal, y de comunión con los compañeros de camino. Pero hay un encuentro especial sin el cual nos será difícil vivir la sinodalidad: el encuentro con Jesús, para aprender de él su sentido de la vida, sus
convicciones, sus opciones y compromisos. Necesitamos practicar la plegaria silenciosa para
escuchar su palabra de vida y abrir los ojos a las necesidades de nuestros hermanos más débiles y vulnerables. Hay que estar atentos a no marginar a los más pobres de nuestras asambleas. Caminar a su lado.
2-Seguir el camino de la escucha. Hay que estar atentos a no confundir sentir y escuchar. Escuchar es más que sentir. Quiere decir ponerse en la piel del otro, superando los prejuicios, situarse en su realidad vital. La sinodalidad es posible por la escucha al Espíritu y a los hermanos. Nos hace falta una escucha recíproca, respetuosa y compasiva (EG 171). Pueblo de Dios, Pastores, Obispo de Roma en actitud mutua de escucha.
3-Hablar entre nosotros, hablar con Dios desde el silencio interior. No confundir el habla con la palabrería estéril y vacía. Como Jesús ante Pilatos, que a pesar de su silencio, responde con
valentía, libertad, verdad y caridad. A veces podemos sentir el miedo a hablar cuando conviene decir una palabra transparente y coherente. ¿Cómo me comunico con el otro? ¿Cómo es mi diálogo?
4-Discernir lo que Dios quiere (EG119). En la propia vida y en la Iglesia no todo proviene de Dios y es obra suya. Se pueden mezclar ansias de poder, doble vida, apego al dinero, pasiones personales con un estilo de vida aparentemente espiritual.
Discernir con quien te encuentras y escuchas. Lo que compartes, tiene que ser puesto en la honda del Espíritu para ver qué camino nos señala y hacer consenso con todo aquello que nos hemos dicho y compartido. Hay que aprender la cultura del consenso.
5-Sentirse corresponsable en la misión. La sinodalidad está al servicio de la misión. Todos estamos llamados a participar y a ensuciarnos las manos por el Reino de Dios. Nadie se tiene que sentir excluido de la misión. Todos podemos aportar nuestro pequeño granito de arena. Pero hace falta que nuestra participación sea hecha con una actitud de servicio humilde.
Seguro que encontraremos otras pistas que nos ayudarán a vivir la sinodalidad.
Buena Jornada de Formación sobre la SINODALIDAD. Víctor Codina y Luisa Berzosa nos aportarán su sabiduría y nos ayudarán a reflexionar y tomar conciencia que somos Iglesia.








