(Pau Vidal, Miembro de la Junta de la Unió de Religiosos de Catalunya · 27/02/26) La semana pasada la Iglesia y el Gobierno de la Generalitat de Catalunya firmaron un protocolo para hacer posible la cesión de propiedades de la Iglesia para vivienda social.
La Unió de Religiosos de Catalunya (URC) valora positivamente la iniciativa y se ha puesto a disposición de los obispados para impulsarla. El anuncio de la firma del acuerdo llega en un momento en el que las diversas órdenes religiosas están, de la mano de Justicia i Pau, haciendo una reflexión sobre la Doctrina Social de la Iglesia y cómo esta ilumina la gestión patrimonial y ayudar a tomar decisiones a la luz del evangelio.
La junta de la URC quiere destacar el valor y la necesidad de colaboración institucional ante la dramática crisis de acceso a la vivienda en nuestro país. También reconoce el papel de la Iglesia ante situaciones sociales que piden una respuesta como expresión de su misión evangelizadora y de promoción humana. Algunas de las órdenes y congregaciones que forman parte de la URC, están dispuestas a participar activamente, estudiando si algunos bienes inmuebles que actualmente tienen poco o nulo uso podrían formar parte de este acuerdo y llegar a concretar la cesión para hacer vivienda social.
El problema de la vivienda
El papa Francisco, ya nos recordaba que una vivienda es uno de los tres imprescindibles para hacer posible una vida en dignidad (en su feliz expresión de las tres Ts: “techo, trabajo y tierra”). Un hogar, es condición de posibilidad para vivir. El derecho a una la vivienda digna no es solo una cuestión de políticas sociales, es una cuestión de dignidad humana y de justicia. Actualmente en Cataluña este derecho está claramente amenazado y la crisis de la vivienda que vive nuestro país es de gran magnitud, tal como pone de manifiesto por ejemplo el último informe de FOESSA.
En casa nuestra, muchas congregaciones y órdenes religiosas desde sus orígenes ofrecen un acompañamiento integral a las necesidades sociales. En concreto las órdenes religiosas trabajan en varias iniciativas y proyectos para atender el sinhogarismo, garantizar el acceso a la vivienda, ofreciendo pisos sociales, acogida temporal, comunidades de hospitalidad y acompañamiento integral a las personas con mayor vulnerabilidad y en situación de exclusión. Trabajo que también hace el conjunto de la Iglesia y los obispados a través de Cáritas y otras iniciativas y entidades sociales. Un claro ejemplo de este compromiso es la tarea que desde 2007 hace la Fundación Mambré, impulsada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, la Compañía de las Hijas de la Caridad con otras entidades afines, que gestiona más de 400 recursos residenciales para personas en situación de exclusión.
Apoyar a este protocolo, el acuerdo marco entre la Iglesia y la Generalitat, no sustituye el compromiso y la voluntad de las órdenes religiosas de seguir trabajando para dar acceso a una vivienda digna a través de sus propios proyectos y programas sociales. Entendemos que este acuerdo no quiere reemplazar la iniciativa de la Iglesia, más bien abre la posibilidad de movilizar algunos recursos inmuebles que de lo contrario seguirían sin ningún uso (por dificultades de calificación urbanística, inversión necesaria muy elevada, etc.).
Más que un techo
Como vida religiosa, trabajar para garantizar el derecho en una vivienda digna es expresión de nuestra misión y servicio como consagrados. Como religiosos denunciamos la injusticia estructural que hace tan difícil el acceso a la vivienda y las dramáticas consecuencias que esto tiene en las vidas de las personas. Pero también seguimos comprometidos en ofrecer no sólo techo, sino un acompañamiento humano, personal, cotidiano, y también espiritual intentando dar respuesta a todas las dimensiones de la persona, apoyando por ejemplo la investigación laboral, la integración comunitaria y ampliando la red relacional.
Un llamamiento a la colaboración y al bien común
Desde la Unió de Religiosos de Catalunya (URC) reiteramos nuestro compromiso con la justicia y el bien común y en la necesidad de dar respuesta a la crisis de la vivienda de nuestro país y estamos dispuestos a aportar nuestro grano de arena. El evangelio nos hace leer la realidad con plena conciencia de los retos y a la vez con profunda esperanza desde el compromiso compartido por una Cataluña más justa y fraterna.








