(Hnas. Sagrada Familia Urgell · 31/10/26) En esta celebración, la acción de gracias se hizo memoria de tantos encuentros, de los rostros y las historias compartidas, de las alegrías y dificultades atravesadas juntos y de todo aquello que, silenciosamente, fue dando fruto.
Las hermanas se despiden con el corazón agradecido. Agradecidas al Señor por haberlas llamado a compartir su misión en L’Hospitalet y a tantas personas que, a lo largo de los años, las acogieron, acompañaron y caminaron junto a ellas.
También agradecemos a Dios por el paso de tantas hermanas que, desde la sencillez de cada día, hicieron presente el carisma de Ana María Janer, procurando amar y servir siempre y en todo.
Lo sembrado permanece
Hay despedidas que no significan que todo termine. Hay historias que continúan vivas en las personas, en los vínculos y en el bien compartido.
La presencia de las hermanas en L’Hospitalet deja una historia de servicio y fraternidad que forma parte de la memoria de nuestra Familia Janeriana.
Hoy, con profunda gratitud, ponemos en manos del Señor todo lo vivido y le confiamos a esta querida comunidad, para que siga creciendo cuanto fue sembrado con tanto amor durante estos años.
Como Familia Janeriana, nos unimos en oración por L’Hospitalet, por todas las personas que compartieron este camino y por las hermanas que entregaron parte de su vida a esta misión.
Que el Señor bendiga a esta comunidad y haga fecunda cada semilla de amor y servicio.
Gracias, L’Hospitalet, por tanta vida compartida.
Porque los lugares se dejan, pero el amor sembrado permanece.








