(B. Solsona · Teresa Gené Camps · 13/02/24) El jueves 8 de febrero, a la iglesia de las hermanas Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento –comúnmente conocidas como las hermanas Sacramentarias-, el obispo Francesc presidió la eucaristía de acción de gracias por el don que Dios hizo a la iglesia mediante la beata María Magdalena de la Encarnación, por fundar la Orden de la Adoración Perpetua. Lo acompañó en la eucaristía el rector de Berga, Mn. Jaume Prat.
Este año coincide que la Santa Sede ha concedido a los monasterios de la Orden, la Indulgencia Plenaria con motivo de los 200 años del traspaso de su fundadora.
Las hermanas Sacramentarias son religiosas que han hecho votos solemnes y que están dedicadas a la vida contemplativa haciendo la adoración continuada (con turnos ininterrumpidos), del Santísimo Sacramento. Siguen la Regla de San Agustín y las constituciones redactadas por su fundadora.
En la homilía de la eucaristía, el obispo Francesc subrayó. “Un signo distintivo de esta congregación religiosa es la vida contemplativa unida a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. Ante el misterio de la Eucaristía, los cristianos experimentamos tres actitudes fundamentales: amor, gratitud y adoración. Amor que es la respuesta al amor inmenso de Dios manifestado a la Eucaristía; gratitud ante el amor inmenso que Dios nos manifiesta en el misterio de la Eucaristía; adoración porque adoramos al Cristo que, en la celebración de la Misa, se ha ofrecido al sacrificio y se nos ha dado como alimento”.








