(Fray Josep Manuel Vallejo, capuchino · 12/03/26) El capuchino fray Josep Manuel Vallejo encargado de conducir el receso de Cuaresma on line con la Unió de Religiosos de Catalunya, presenta un breve resumen sobre el tema como prepararse para vivir la Cuaresma y celebrar la Pascua.
“Las lecturas de la Liturgia de Cuaresma hacen hincapié en la Caridad: “… El único ayuno que yo aprecio es este: comparte tu pan con quienes pasan hambre, acoge en tu casa a los vagabundos…” (Is 58, 6-9). Y también Mt 25: “Todo aquello que hacíais a cada uno de estos hermanos míos, a mí me lo hacíais.” De forma que el ayuno y la oración son para animar la caridad. Y la caridad con nuestros hermanos es criterio de discernimiento de la autenticidad de nuestra plegaria.
Otro aspecto importante es que la conversión quiere decir volver a fijar la mirada en Jesús, dejar de mirar cosas secundarias y convertirse, orientar la mirada hacia Jesús. Y el primer aspecto que vemos en Jesús, en el relato de las tentaciones (Mt 4), es que las supera con la Palabra de Dios, citando el Deuteronomio. Es la Sagrada Escritura la que nos ayuda a superar las pruebas y a crecer en cristiano. De forma que la mejor manera de convertirse es leer. Leer cosas buenas, y no hay nada mejor que los relatos de la Escritura para cambiar. Porque no mejoramos por imperativo moral o por nuestro esfuerzo, crecemos por enamoramiento de las actitudes llenas de belleza y de nobleza que nos narra la Biblia. Paul Ricoeur decía que nuestro cambio se da en la imaginación, en la fascinación que producen en nosotros relatos bellos. Por eso Jesús explicaba parábolas y el noventa por ciento de los relatos bíblicos son narraciones, porque metiéndonos dentro con la imaginación, nos identificamos con los personajes y quedamos fascinados por sus gestos y actitudes nobles. Quién no queda maravillado por la nobleza de Rut o por la plegaria de la reina Ester: “Ayudadme que estoy sola y no tengo quién me ayude”. O por el dolor de David ante la muerte de su hijo que lo traicionaba: “Hijo mío Absalón, hijo mío Absalón”; o por el abrazo loco de amor del padre del hijo pródigo; o por la mirada de Jesús a la mujer adúltera; o por el diálogo de Jesús con Pedro, que lo había traicionado: “Pedro ¿Me amas?”
Los propósitos que hacemos en la Cuaresma, normalmente no los cumplimos. La mejor manera de crecer en cristiano es leer con buena actitud la Sagrada Escritura y dejarse fascinar. ¡Buena Cuaresma!








