(Vedruna · Carmen Maganto · 14/10/26) Hace unos días, unas cuantas hermanas del País Vasco, acompañadas por M. Carme Molist, subimos el camino de las fundadoras y fundadores en Montserrat. En nuestra marcha fuimos viendo cómo todas las esculturas que representaban a fundadoras y fundadores estaban hacia la mitad del monte, en una pequeña altura, distantes del propio camino y sobre una peana o sobre alguna pieza de piedra o de bronce que los elevaba. Así, fácilmente podían ser “vistos”, podíamos admirar el grupo de esculturas representando su misión: enseñando a leer a niñas y niños, cuidando ancianos, sanando personas, predicando su fe, etc. Es decir, los fundadores o fundadoras no estaban solas o solos estaban en un grupo que quería representar cuál era su actividad prioritaria. Yo me preguntaba ¿Cómo estará Joaquina?
Seguimos andando y subiendo y, de pronto, nos encontramos que en la cuesta que íbamos subiendo, a mitad del camino, en el suelo, a pie de calle, pisando tierra, sin peanas y sin alturas, y sin estar alzada en el monte, allí por donde pasábamos los caminantes, allí estaba Joaquina adelantando un pie y tendiéndonos los brazos con las manos abiertas.
Nos quedamos admiradas, y cuál fue nuestra sorpresa al ver que la gente cuando pasaba le daba la mano, le agarraba los brazos, le frotaba el brazo…porque al pasar invitaba a tocarla, acariciarla, abrazarla, hacer algo… Comentamos que esa mano se va a ensuciar, esa es una mano que seguramente con el tiempo estará más amarilla y más pulida.
Pero no importa, esas manos, sus manos están allí, siguen y van a seguir allí, con el riesgo de mancharse y ensuciarse. Esas manos que ya antes se mancharon cocinando, cambiando pañales, limpiando la casa, manos que se han esforzado en firmar documentos, se han cansado abriendo casas, hospitales, dedicadas a escribir, juntándose una con otra para rezar… Gracias por tus manos.
Gracias por expresar de un modo tan sencillo tu misión: “en el camino”, “abajada”, “pisando tierra”, “dejando que la gente se te acerque y te “toque”, “adelantándote a los tiempos con la expresión de ese pie que quiere seguir abriendo caminos”, con los brazos y manos abiertas para toda persona que pase por el camino…
Gracias Joaquina, esta es tu misión y es la nuestra. Te agradecemos esta experiencia que todas tuvimos y que nos salía cantar: “hace falta gente como tú”, “han pasado los años, dos siglos de fuego que abrasan, de amor que no dice basta… mujer del sí confiado”. ¡Gracias!








